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Calderetas de Don Calixto

La gastronomía asturiana se da un homenaje

María Cardín, Ramón Méndez, Marcelino Gutiérrez, Pablo Bernárdez, Albert Adrià, Julio Valle, Tamara Tamargo, Ana González, Ricardo Fernández, Juan Carlos García, Marcos Granda, José Fernández, Rubén Fernández, Tito Rodríguez, Goyo Ezama y Diego Oliveira, al término de la gala. / ARNALDO GARCÍA
María Cardín, Ramón Méndez, Marcelino Gutiérrez, Pablo Bernárdez, Albert Adrià, Julio Valle, Tamara Tamargo, Ana González, Ricardo Fernández, Juan Carlos García, Marcos Granda, José Fernández, Rubén Fernández, Tito Rodríguez, Goyo Ezama y Diego Oliveira, al término de la gala. / ARNALDO GARCÍA

'Yantar' entrega sus Calderetas de Don Calixto en un concurrido acto en el Palacio de La Riega | Albert Adrià, Marcos Granda, El Cenador del Azul y Ricardo Fernández reciben los galardones en un día de reivindicación de la cocina regional

JOSÉ L. GONZÁLEZGIJÓN.

Es la gran fiesta de la gastronomía asturiana, una gala que reúne a lo más granado del sector en torno a las Calderetas de Don Calixto que entrega 'Yantar', el suplemento gastronómico de este periódido, y que se han convertido en un referente. Y como tal, no pueden ser otra cosa que un punto de reunión de aquellos que día a día, con su trabajo, esfuerzo y creatividad, lanzan la cocina asturiana al mundo. Ayer, en el gijonés Palacio de La Riega, volvió a quedar demostrado gracias a la calidad de los premiados: Albert Adrià, que se llevó el reconocimiento Maestro Nacional; Marcos Granda, que estrenó el palmarés de la categoría de nueva creación Impulso Gastronómico; El Cenador del Azul, que regentan José Luis Mondelo y Ana Fe Fernández, Maestro Asturiano; y Ricardo Fernández, Cocinero con Proyección gracias a su trabajo en el restaurante Farragua.

Fue el director de EL COMERCIO, Marcelino Gutiérrez, quien se encargó de abrir esta XIX gala, con un discurso en el que agradeció a los premiados «aceptar el galardón y también estar aquí para recogerlo», sabedor del «esfuerzo personal y profesional» que supuso para varios de ellos.

Fue Benjamín Lana, presidente de la División de Gastronomía de Vocento, el que aplicó su verbo para glosar a los premiados, no sin antes recordar que la cocina asturiana, cuando llegó la vanguardia, «no dejó de mirar al producto ni a la tradición. La revolución de la vanguardia en Asturias se hizo sin perder de vista el guiso y la tradición heredada», señaló.

Por la juventud quiso comenzar Benjamín Lana, destacando la buena noticia que supone que el plasencio Ricardo Fernández decidiera asentarse en Gijón, en el local que dejó un chigre que echó el cierre. «Ha conseguido convertirse en dueño de su vida y de su destino. Trabajó con los más grandes, y todo eso está cuajando en Gijón». El joven cocinero no pudo más que emocionarse cuando subió al escenario a recoger su galardón. «Estoy aquí gracias a gente que está ahí sentada, a mi madre y a mi mujer. Les debo todo a ellas», concedió entre lágrimas. Repuesto, lanzó un mensaje de presente y un deseo de futuro. «Gijón es una ciudad preciosa en la que espero ganarme la vida cocinando; soy emoción, autoexigencia y ganas de mejorar».

De Gijón a Mieres. Porque allí está El Cenador del Azul, un restaurante con una «cocina de mercado actualizada que mantiene el espíritu de antaño, que si estuviera en el barrio de Salamanca tendría maneras burguesas, pero que aquí nos llevan a hablar de cercanía y buen hacer», señaló Benjamín Lana.

Sus responsables, José Luis Mondelo y Ana Fe Fernández, no pudieron acudir a la cita, pero sí lo hizo su sobrina, Tamara Tamargo, encargada de leer una carta en nombre de sus tíos. «Estamos orgullosos de todo nuestro equipo. Nuestro trabajo nos lleva a un examen constante que nos obliga a mejorar. Queremos agradecer a EL COMERCIO este premio, es un referente en la gastronomía a nivel regional y nacional», señaló.

Viajar fue una de las claves del siguiente premiado, el sumiller Marcos Granda, «una rara avis» que en un mundo de cocineros brillantes supo hacerse un hueco como empresario desde la sala del restaurante. «Soy un simple camarero con ganas de seguir mejorando. Hoy no es suficiente con dar bien de comer; si logramos que el cliente se sienta especial, el éxito está asegurado», afirmó.

Cerró la entrega de premios un chef que hasta hace pocos años estuvo a la sombra de su hermano, Albert Adrià, y que ahora brilla con luz propia tras haberse revelado como «uno de los hombres más polifacéticos de la cocina española». No dejó pasar la oportunidad el catalán de dedicar el galardón a quien definió como su hermano, el cocinero asturiano José Andrés. «Recuerdo cuando los dos estábamos en 1987 en Cala Montjoi, cuando El Bulli no daba dinero, pensando cómo sería nuestro futuro, porque entonces no teníamos futuro. Es un asturiano, catalán de adopción, que vendió su tierra por el mundo», señaló el cocinero catalán que recordó que su negocio no se basa ahora en «vender comida, sino felicidad» y para quien la «creatividad» es la «gasolina que alimenta» su motor.

La alcaldesa de Gijón, Ana González fue la encargada de cerrar el acto con un discurso en el que recordó el origen de la palabra 'yantar', un antiguo impuesto que se cobraba para el sostenimiento del rey, y quien defendió la gastronomía asturiana. «El panorama de la gastronomía asturiana es variado y convincente», señaló.

La gala dio paso a un cóctel servido por Nacho y Esther Manzano para cerrar un acto que contó con el patrocinio de El Gaitero, Fuensanta, San Miguel y Ternera Asturiana, y la colaboración de Picofino y Royal Bliss. Todos ellos sirvieron sus productos.

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