Flako: «Atracar un banco está mal, pero hay placer en robar a quien nos roba»

Flako se oculta siempre detrás de una máscara. :: JUAN CARLOS LADRA/
Flako se oculta siempre detrás de una máscara. :: JUAN CARLOS LADRA

El Flako Exbutronero y autor del libro 'Esa maldita pared' (Libros del KO, 2019) | El conocido como el Robin Hood de Vallecas, presenta hoy en Gijón un libro en el que plasma sus aventuras como ladrón

PABLO SUÁREZ

Empezó a participar en atracos con 15 años, de la mano de su padre, y durante años fue el mejor. Flako, vallecano, robó hasta siete bancos por medio de la técnica del butrón. Tan solo le pudieron imputar dos. Escogían el banco, trazaban una ruta a través de las alcantarillas y se llevaban el dinero. Sin odio. Sin heridos. De repente, un día, la Policía le pilló en pleno atraco. Después nació su hijo. La vida cambió y las prioridades también. Ahora, Flako ha cambiado el martillo hidraúlico con el que reventaba las paredes de las sucursales por la pluma, con la que ha escrito uno de los libros del año.

-¿Cuánto hay de mito y cuanto de realidad en la figura de Flako?

-La realidad es un 50% y el mito es otro tanto. Toda la gente que me conoce y habla conmigo siempre me dice que nunca diría que yo he atracado bancos. A la prensa siempre le gusta sacar en los titulares los bancos que atraqué, las alcantarillas por las que bajé y demás, pero para mí, que lo he vivido en primera persona, no tiene nada de espectacular.

-Rehúye del apodo de El Robin Hood de Vallecas.

-Sí. Es cierto que alguna vez dije en un banco que venía a por el dinero de gente como Bárcenas, pero son momentos en los que estás en un atraco y dices lo primero que se te ocurre. Yo no soy la panacea del altruismo. Siempre que he tenido dinero he intentado ayudar a mis amigos y a mi familia, pero no me he puesto en una parada de autobús a regalar dinero.

-Dice que atracar bancos es un oficio honrado. ¿Por qué?

-Es algo que pienso, aunque soy consciente que suena un poco mal. Lo primero que quiero decir es que atracar un banco implica violencia, y yo tengo que pedir perdón a las víctimas a las que apunté alguna vez con una pistola. Son gente inocente que no tiene la culpa de que un día un loco como yo se levante y haga un túnel en las alcantarillas. Lo digo de corazón. A lo que me refiero cuando digo que atracar un banco es un oficio honrado es al hecho de que tú estás robando a quien te roba. Eso es un placer. Muy caro, porque si te cogen lo pagas, pero es un placer.

-«Tener a mi hijo ha sido mi reinserción». Si él no hubiera nacido, ¿seguiría usted atracando a día de hoy?

-100%. Mi reinserción es mi hijo, el documental 'Apuntes para una película de atracos' (León Siminiani, 2018) y el proceso de creación del libro. Esos son los motivos y no la cárcel. En prisión el que tienes enfrente es un violador, el de al lado un narcotraficante y el de la izquierda otro atracador. ¿Qué vas a aprender ahí? Como mucho a conseguir droga más rápido o a tener más contactos para hacerte con inhibidores de frecuencia o coches robados.

-¿Están todos los atracadores condenados a que los terminen pillando?

-(Silencio). Mire, esto es como el que va un día a un bar, echa un euro en la tragaperras y le tocan 60. Pues la siguiente vez va a ir de nuevo a la máquina y va a esperar que le salgan otros 60. Igual le salen 30, pero se convence de que eso es lo suyo y termina enganchado a la máquina. Atracar un banco es lo mismo. Cuando te sale bien piensas que es una maravilla. Sabes que te pueden pillar, porque juegas con fuego, pero no lo ves. Yo no pensaba que me fueran a coger como me cogieron, con las manos en la masa, pero una vez la Policía te tiene controlado, es muy difícil despistarlos.

-¿Echa de menos la adrenalina que tiene un atraco?

-Estuve enganchado, pero no la echo de menos. Soy consciente de que hay muchos atracadores y muy pocos butroneros. En cuanto haya un robo por medio de butrón, van a venir a buscarme. Mi adrenalina ahora pasa por ver películas, escribir y plasmar todo eso que siento.