La difícil misión de ser rescatador

Los aspirantes a rescatadores marítimos deben subirse y bajarse de una balsa azotada por las olas. / ARNALDO GARCÍA
Los aspirantes a rescatadores marítimos deben subirse y bajarse de una balsa azotada por las olas. / ARNALDO GARCÍA

El Centro Marítimo Jovellanos acoge las pruebas para especialistas en emergencias | De los 50 aspirantes solo diez superaron todas las fases, entre ellos, dos jóvenes de Gijón. Nadar contrarreloj con la equipación de rescate, uno de los exámenes

COVADONGA RODRÍGUEZ GIJÓN.

«Las pruebas para ser rescatador son muy duras, pero el trabajo merece la pena. La motivación está en ayudar a todas esas personas que te necesitan. Cuando me pongo el neopreno se me ponen los pelos de punta», explicó Alejandro Roldán, un integrador social de Cádiz que ayer se presentó a las pruebas que la empresa Babcock España -dedicada a servicios de emergencia aérea y mantenimiento de aeronaves, con bases en todo el territorio nacional- realizó en el centro Marítimo Jovellanos de Gijón.

Roldán, que ya trabajó en labores de salvamento marítimo de Cruz Roja, falló en las pruebas de dominadas, pero asegura no cejará en su empeño de convertirse en rescatador. «Tengo claro cual es mi objetivo, me volveré a presentar», sentenció el gaditano.

Las pruebas, que tienen como base la ciudad gijonesa, no se realizaban desde hace tres años y por eso la expectación era máxima. «Las instalaciones del Centro Marítimo Jovellanos son las mejores de toda España, estamos muy contentos de poder hacer aquí esta selección», agradeció el jefe de operaciones de Babcock.

Fueron 37 jóvenes con mucha experiencia y formación, provenientes de todos los puntos de España -tres de ellos asturianos- los que finalmente integraron el conjunto de aspirantes; aunque la empresa había recibido más de 400 solicitudes que tuvieron que analizar detalladamente. Después de un largo proceso, 50 personas fueron escogidas para asistir a las pruebas, y de ellas solo 37 pudieron presentarse; algunos tuvieron que desistir por problemas físicos.

Los exámenes, muy variados y de carácter eliminatorio, consistieron en un test teórico y otro de inglés especializado. Los que aprobaron esta fase accedieron a las pruebas físicas de tierra, en las que había que realizar 15 dominadas y superar un test de carrera. Por la tarde, tuvieron lugar las pruebas acuáticas, con mucho menos participantes. Los futuros profesionales nadaron contrarreloj cargados con el equipo que se usa en los rescates, se subieron y bajaron de una balsa y accedieron a tierra por una red, desde el agua de una piscina agitada por grandes olas. También se enfrentaron a una prueba de apnea y a un simulacro de rescate, en el que tuvieron que sacar del agua un maniquí, antes de que se agotara el tiempo fijado para el operativo.

Entre todos los aspirantes solo había una mujer. Al contrario de lo que ocurre en otras oposiciones como las del Ejército o la Policía Nacional, las pruebas en Babcock son iguales para hombres y mujeres. «Me parece bien que sean las mismas porque el trabajo y los rescates también van a ser también los mismos», argumentó Nutria Baldo, enfermera de Alicante que 'cayó' en la prueba de carrera por una pequeña lesión, tras haber hecho las 15 dominadas. Baldo es la mujer que más lejos ha llegado en esta competición. «Me pienso volver a presentar», afirmó.

Al final solo diez jóvenes consiguieron completar todas las fases y pasar a formar parte de la bolsa de empleo de Babcock. Estos aspirantes, entre los que se encuentran dos jóvenes gijoneses, tendrán que pasar hoy por un proceso de entrevistas y dinámicas de grupo, antes de comenzar el periodo de formación que los convertirá en rescatadores listos para entrar en servicio.

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