Saúl Craviotto abre la Semana Grande: «¡Quien se aburre en Gijón es porque quiere!»

Saúl Craviotto llenó la plaza Mayor durante el pregón de la Semana Grande. / Damián Arienza

Saúl Craviotto da el pistoletazo de salida a la Semana Grande de la ciudad con un emotivo pregón

M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAGijón

Primero el folclore se adueñó del escenario de la plaza Mayor. Sonó la tonada, se bailaron tres danzas y el tambor de Manolo Durán marcó el momento en el que Saúl Craviotto habría de ocupar su lugar en el balcón del Ayuntamiento de Gijón. El piragüista olímpico se agarró al micrófono con un inmenso agradecimiento en la garganta y una expresiva y expresa invitación a la fiesta. «Qué emoción estar viendo lo que estoy viendo ahora mismo. Voy a intentar deciros lo que siento. Seguro que me voy a quedar corto, pero lo voy a intentar», afirmó para arrancarse con la fiesta. Al fin y al cabo, de eso de trataba, de invocar al disfrute colectivo en un lugar donde no hacerlo es casi delito: «Quien se aburre en Gjón es porque quiere», clamó el pregonero de la Semana Grande. Así que, dicho lo dicho: «Os animo a que estos días conozcamos y visitemos, disfrutemos, bailemos, comamos fabada, cachopos, quesos asturianos, nos endulcemos con arroz con leche, casadielles, frixuelos, bebamos sidra, con moderación, y en definitiva disfrutemos de lo nuestro, que estos días será de todos, y honremos a nuestra tierra». Tres puxas, a Xixón, al Sporting, y a Asturies, ponían el colofón y desataban los aplausos en una plaza hasta la bandera que antes había escuchado atenta todo lo que el laureado deportista quiso contar.

Y lo que quiso compartir con todos es que la ciudad cuya fiesta pregonó sonriente y nervioso es tan generosa que le ha permitido a él, «gijonés de adopción», ser precisamente quien, con su voz, dé el aldabonazo festivo de Begoña. «Estamos en una ciudad hospitalaria, acogedora, que no cierra las puertas a nadie y repleta de buena gente», introdujo. Y añadió que Gijón le ha dado lo más importante de su vida: su mujer, Celia, y sus hijas Valentina y Alejandra.

Reconoció su orgullo de ser pregonero y recordó que la invitación le produjo tanto nerviosismo como responsabilidad. Luego se adentró en el camino personal que le condujo a ese balcón. «Mi vínculo con esta tierra empezó en 2001, cuando vine a preparar mi primer Campeonato del Mundo siendo solo un adolescente lleno de ilusiones y sueños por cumplir, y que con esfuerzo y mucho sacrificio, y habiendo estado siempre bien rodeado, entre ellos por mi entrenador Miguel García, puedo decir que a día de hoy he cumplido», apuntó. Y fue más allá: «Esta tierra me ha forjado como persona y me ha visto crecer como piragüista», afirmó. Tomó, a continuación, rumbo a Trasona, el lugar donde ha preparado su carrera deportiva y el origen de su éxito. «Sin duda, un pedacito de esas cuatro medallas olímpicas también son vuestras, de Asturias».

En esta tierra también se ha desarrollado su faceta como cocinero y su admiración por la gastronomía, «uno de los puntos más destacables de Asturias, junto con su cultura, deporte, playas, paisajes y, sobre todo, su gente». Por último, aquí se hizo mayor en el plano profesional. «Estas calles de Gijón me han visto crecer como policía, una profesión de la que me siento orgulloso», anotó. No se olvidó entonces de todos los que trabajarán estos días para tener la fiesta en paz. Mentó a la Policía Nacional, a la Guardia Civil, a la Policía Local, a los servicios de ambulancias y a los Bomberos como garantes del disfrute en Begoña.

Habló después de que no fue fácil dejar atrás una vida y una familia a 700 kilómetros de distancia, en Lleida, un lugar que aún hoy echa de menos, pero el viaje ha sido feliz y fructífero: «Puedo decir que me siento orgulloso de ser también asturiano y de haber echado mis raíces aquí, en Gijón, una ciudad que me enamoró desde el primer día por la vida que tiene». Es, también, «una ciudad muy volcada en el deporte», algo muy de agradecer para quien ha hecho de él su vida. «Vayas donde vayas ves gente haciendo ejercicio, se respira el deporte en el ambiente».

Habló del turismo, de paisajes y rutas, citó la Universidad Laboral y el Jardín Botánico, el Elogio del Horizonte, la Feria de Muestras, el Jovellanos, los conciertos, los merenderos, la gastronomía, los restaurantes y la conclusión no podía ser otra: el aburrimiento es imposible, más aún en los días de fiesta que están por venir.

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