Los usuarios de los centros de asistencia a personas sin recursos aumentan en verano

Usuarios de la Cocina Económica hacen cola para entrar al dispositivo a la hora de la comida. / JOSÉ SIMAL
Usuarios de la Cocina Económica hacen cola para entrar al dispositivo a la hora de la comida. / JOSÉ SIMAL

El servicio que presta Siloé recibe una media de 120 visitas diarias, mientras que la Cocina Económica ofreció 268 servicios más durante el mes de julio

EUGENIA GARCÍAGIJÓN.

En los centros de asistencia social no hay vacaciones. No puede haberlas cuando en verano, por norma general, la Red de Inclusión Activa detecta un incremento de la demanda asistencial que también se está notando este año. Cada día, alrededor de 120 personas acuden al centro de día Milsoles buscando lavandería, desayuno o compañía. Durante el pasado mes de julio, la Cocina Económica dio 268 servicios más que en el mismo mes del año pasado. El Albergue Covadonga, donde a diario duermen casi 78 personas, ha estado ocupado prácticamente desde el principio de verano.

A esta red de lucha contra la pobreza, nacida en 2010 de la mano de la Fundación Municipal de Servicios Sociales, pertenecen además de las entidades ya mencionadas Proyecto Hombre, el Banco de limentos, Mar de Niebla, Cruz Roja, Albéniz, ACCEM y Voluntariado Vicenciano. En la gran mayoría de ellas constatan que el verano no es precisamente más cálido para los más vulnerables. Al contrario, estos meses llenan los dispositivos de la ciudad. Sus responsables apuntan a una mayor afluencia de visitantes a la ciudad como una de las posibles causas que explican este fenómeno.

«Aunque no hay una tendencia clara y puede variar semana a semana, sí es cierto que entre la Semana Negra, la Feria y otros eventos este verano está siendo de alta ocupación», señala Cristina Avella, directora del Albergue Covadonga. Ocurre así tanto en el albergue propiamente dicho como en los módulos de familia. En el primero, las 78 plazas de alojamiento -la mayoría, 55, para hombres- han estado ocupadas casi todos los días desde principios de julio. De media, ofrecen 200 servicios al día, en su mayoría desayunos, pero también comidas y cenas. También el programa de baja exigencia se satura: tanto el centro de día, que de 9.30 a 13 horas y de 16 a 20.30 horas ofrece refrigerios, aseo, actividades de ocio y tiempo libre y atención personalizada para hasta 48 personas; como el centro nocturno, con aforo para 18 usuarios, están continuamente lleno. La Fundación Albergue Covadonga cuenta igualmente con un módulo para familias que puede cobijar hasta once personas. «Está completo», confirma Avella.

Más extranjeros

Ocurre parecido con la oferta de la Fundación Siloé, cuyo director de programas, Pablo Puente, confirma que la atención a través del centro de día Milsoles también se ve colmada. Ubicado en el barrio de El Coto, el dispositivo abre de lunes a viernes de 9 a 16.30 horas. «Aunque otros años notábamos cierto bajón en estos meses a causa de la movilidad, este verano tenemos cifras de atención diaria más similares a los primeros meses del año», reflexiona Puente. En este centro, recientemente reformado, cubren sus necesidades básicas -alimentación, higiene persona y lavandería- y reciben ayuda en gestiones sociosanitarias aproximadamente 120 personas al día. A pesar de que el centro nació para personas contagiadas de VIH por vía perenteral, el porcentaje de usuarios en situación de drogodependencia activa llega aproximadamente al 60%. El resto son usuarios en situaciones de exclusión social severa, que «enmuchos casos incluye la exclusión residencial». Es decir, carecen de vivienda o alojamiento digno.

Durante el pasado año, el centro de día atendió a alrededor de 900 personas, principalmente hombres con una edad media de 45 años. El 25% eran extranjeros, un porcentaje que, aunque queda 2019 por delante para cerrar las estadísticas, podría incrementarse este año. «A priori, estamos percibiendo un aumento de usuarios extranjeros, procedentes de África, Europa del Este y Latinoamérica», indica Puente.

12.575 comidas

En el mayor comedor social de la ciudad, la Cocina Económica, se han alcanzado durante el último mes 12.575 servicios diarios, un 1% más que en el mismo periodo del año pasado. Algo que, según el secretario de la Asociación Gijonesa de Caridad, Juan García Adaro, viene a confirmar la tendencia al alza anual, con un incremento del 6%. Todo ello sin contar con los datos de agosto, «un mes en el que siempre sube más» la asistencia.

Las colas en el establecimiento ubicado en el número 17 de la calle Mieres son algo habitual, sobre todo, a mediodía. Un 60% de los servicios prestados son comidas, mientras que las cenas ocupan un 30% y los desayunos representan un 10% del total. Como punto ligeramente optimista, García Adaro asegura que «este año notamos menos menores de 20 años». La fotografía del usuario dibuja un hombre joven, generalmente conocido desde hace años en la entidad.

La demanda de las familias también se ha disparado, con «los cinco apartamentos completos desde primeros de año y siempre con lista de espera». Las familias pueden residir en estos minipisos un máximo de seis meses, prorrogables en caso de necesidad. El año pasado los utilizaron siete familias, dos de las cuales eran monoparentales. En total, los pisos acogieron a cinco mujeres, seis hombres y doce menores, «algo similar a lo que está courriendo este año».

Hace ya tres agostos que la residencia para mayores sin ingresos La Golondrina abrió en Somió. También está a tope: de sus 62 plazas, tiene cubiertas 58. «Y eso teniendo en cuenta que siempre dejamos un par de plazas libres en caso de necesidad urgente».

Los mayores que se hospedan en este dispositivo reciben pagas «escasas», igual que el aporte económico que recibe la Asociación Gijonesa de Caridad por atenderles. «Hay dos o tres que no tienen nada, ni siquiera el salario social».

Más información