Luis García: «La poesía vive siempre en la frontera que separa lo privado y lo público»

Luis García Montero, entre libros en el Instituto Cervantes. :: EFE/
Luis García Montero, entre libros en el Instituto Cervantes. :: EFE

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes | Este sábado participa en un recital poético y presenta su ensayo 'Las palabras rotas'

MIGUEL ROJO

Luis García Montero llega a la Semana Negra, donde participará este sábado en dos actividades. Primero presentará su nueva novela, 'Las palabras rotas', un ensayo en el que reflexiona sobre los significados de las palabras; a medianoche, conducirá un recital poético en el que participarán Luisa Castro, Martín López-Vega, Angels Gregori, Xuan Bello y Kirmen Uribe. Antes de viajar a Gijón, habla para EL COMERCIO.

–Usted define la poesía como un compromiso con la verdad, un lugar sagrado. Cómo la verdad la detenta tanto Agamenón como su porquero, ¿podemos concretar?

–Machado establece un diálogo entre la verdad, Agamenón y el Porquero al principio de su Juan de Mairena. Nos invita a pensar que muchas veces se impone como verdad lo que necesita el rey para legitimar su poder. Esa capacidad de sospechar sobre los valores establecidos ha siso la razón de ser del pensamiento contemporáneo gracias a Nietzsche, Marx, Freud, el feminismo, el anticolonialismo…

Asumido ese pensamiento crítico, estamos en un momento en el que no podemos dejar que la sospecha antisistema sea la gran coartada para deshacer cualquier marco de convivencia y cualquier esperanza. Necesitamos crear un acuerdo de valores. Machado fue un escéptico con creencias, defendía la honestidad de la propia conciencia, la búsqueda de una verdad compartida. Yo vivo la poesía como ese lugar en el que uno no se cree en posesión de la verdad, porque no hay dogma esenciales, pero sí se compromete a no mentir, porque no hay consigna de ningún tipo capaz de borrar la conciencia.

–¿Qué ha quedado del antiguo optimismo tecnológico? ¿Hemos pasado de la posmodernidad a lo póstumo?

–Bueno la tecnología es muy importante, pero la superstición tecnológica es peligrosa porque puede hacernos olvidar el gran poder de control y manipulación que tiene sobre nosotros. Debemos conseguir que la ciencia y la tecnología estén al servicio de la dignidad humana. Y hay prácticas científicas y tecnológicas que son una vuelta a la impunidad de la barbarie en nombre del progreso. Se sustituye la democracia y los marcos de convivencia por nuevas versiones de la ley del más fuerte. Invertir en educación científica, tecnológica y humanista es imprescindible para evitar la catástrofe.

–Y hablando de poesía y tecnología, ¿cuál es su opinión sobre la proliferación de poetas en las redes sociales?

–La poesía ha vivido siempre en la frontera que separa la intimidad, lo privado y lo público. Por eso se ha puesto de moda en las redes sociales que caminan en ese frontera. Es normal. Y me parece bien. La poesía siempre estuvo pegada a la piel de la vida y hoy los jóvenes viven como algo natural las costumbres de las redes sociales. De ahí saldrán nuevas voces. Pero ya he dicho que creo en las herencias y en el diálogo generacional tanto como en el futuro. Seguro que el buen poeta no será el que busque miles de «me gusta», sino el que además de las redes se preocupe por leer a Baudelaire, a Rosalía de Castro o a Ángel González. Ni viejos cascarrabias, ni jóvenes adánicos, repito.

–Cita usted a Emilio Lledó acerca del problema del Mal y su tratamiento informativo. ¿Hay regodeo en vez de investigación y análisis?

–El miedo siempre ha sido un mecanismo de control. Ahora se multiplica con las nuevas posibilidades mediáticas. Desde el desayuno se nos habla de crímenes, amenazas, maldades. Y, bueno, existe el mal, pero no es el gran protagonista de la convivencia. España, por ejemplo, está muy por debajo de la media de crímenes de Europa, y parece que aquí el crimen lo protagoniza todo. El tratamiento espectacular que algunos medios han ofrecido a sus audiencia de algunos crímenes sonoros ha sido una vergüenza. Se le enseña a la gente a odiar, se la saca a las plazas para que pida la pena de muerte o la cadena perpetua. El miedo al otro es la mejor manera de paralizar las ilusiones colectivas y las identidades abiertas.

–Respecto al Feminismo: ¿acaso no crea desigualdad proclamar la feminización del mundo?

–Que ha existido y existe machismo me parece innegable. El machismo que vivimos hoy se fundó como paradigma contemporáneo en la Ilustración cuando se definió la condición masculina como razonable y la femenina como sentimental. Lo razonable habitó lo público (política, negocios) y lo sentimental lo privado (el hogar). La separación de la racionalidad y los sentimientos es una de las causas no ya del machismo, sino de la deriva de un mundo que ha sido capaz de dejar a las razones sin ética y a los sentimientos sin pudor. Los campos de exterminio fueron propios de una técnica sin valores y las matanzas colectivas a causa de las identidades fueron la consecuencia de sentimientos sin racionalidad. Más que de la feminización del mundo soy partidario de una igualdad consciente de que sentimientos y razones forman parte de la conciencia humana. No es verdad que las mujeres sean por naturaleza más sensibles que los hombres, ni es verdad que los hombre sean más razonables que las mujeres.

–Vuelve usted a la Semana Negra de Gijón. Aquí nos gusta que nos digan que Asturias es fantástica. Confiese que le entusiasma del lugar, y gánese el agradecimiento eterno de los asturianos -e incluso una estatua en algún parque-.

–Bueno, mi relación con Asturias se la debo a Ángel González. Fue mi hermano mayor para Almudena y para mí y un abuelo para nuestros hijos. Ángel me trajo a la amistad con los Taibo y a la Semana Negra y aquí he pasado algunas de las noches más felices de mi vida. Me alegro cada vez que me llama el amigo Ángel de la Calle. Y Asturias, en la historia de España, siempre ha cojeado del mismo pie que yo cojeo. La Semana Negra es una gran fiesta popular que no tiene como origen un santo o una virgen, sino un acto de amor por la cultura y los libros. Bendita sea.

–¿Qué podemos hacer los ciudadanos entre las promesas estafadoras de un futuro paraíso y el recuerdo falso de un Edén perdido?

–Cuando se anda entre el himno y la elegía, lo mejor es tener la conciencia precavida. No es buena la ingenuidad, tampoco la renuncia. En 1994 publiqué un libro de poemas con el título 'Habitaciones separadas'. Cansado del fracaso y las traiciones de mis sueños, los expulsé de casa. Pero me di cuenta que caía con facilidad en la gran enfermedad del mundo neoliberal: el cinismo. Todo da igual, nada tiene remedio. Entonces volví a llamar a los sueños, pero les propuse: dormís en habitaciones separadas. Si me pongo muy cínico, ellos me regañan. Si ellos se ponen muy locos, les regaño yo. Así nos vigilamos.

–Usted habla de tiempos espera como diques contra la velocidad de la sociedad consumista. No obstante, ¿no es mejor tener dónde elegir y luego tomar la decisión que consideres pertinente?

–Con la velocidad no hay libertad de elección. El tiempo convertido en mercancía de usar y tirar nos obliga a decir lo que pensamos sin pensar lo que decimos y a consumir lo que se nos propone como oferta de temporada. Para pensar y elegir hace falta tiempo, capacidad para hacerse dueño de la propia necesidad y la propia conciencia. Por cierto, la espera es decisiva para la esperanza. El relativismo, el nada tiene arreglo, no hay verdades, ni valores, ni bondades, es propio de un tiempo sin esperas. Hoy sólo se espera cuando se llama a un número para que te atienda un operador de tu compañía telefónica o de tu seguro. Y la vida puede ser otra cosa.

–Se refieren mayormente a las dictaduras, pero las democracias también poseen sus propios mecanismos de manipulación. ¿La realidad es lo que se consensúa en los medios?

–Bueno, después de criticar a las dictaduras, cuento mi participación en la campaña por la salida de España de la OTAN y mi descubrimiento de que en pocos días, a través de la manipulación mediática, se podía cambiar la mentalidad de un país. Claro que hay manipulación en las democracias. Pero creo que conviene matizar: nunca es lo mismo una dictadura que una democracia. Y, por otra parte, la manipulación informativa degrada la democracia y el periodismo. No es igual mentir que interpretar según una manera de pensar. Comunicación no es igual a periodismo. Las falsedades de la posverdad no son periodismo. Otra cosa es que los hechos se interpreten de distinta manera. Me gusta citar a Abert Camus, uno de mis santos laicos. Como periodista, nunca pensó estar en posesión de la verdad, pero sí pudo comprometerse a no mentir. La degradación de la democracia empieza por la corrupción del lenguaje y la pérdida de dignidad de la prensa.

–Usted establece una curiosa relación entre los esperpentos de Valle-Inclán y los algoritmos que rigen los motores de búsqueda.

-Bueno es que los filtros digitales deforman la realidad. Si yo pongo en Google Gijón, seguro que me aparece como noticia principal la Semana Negra. Si lo pone un aficionado al fútbol, le sale el último fichaje del Sporting, y si es un aficionado a la gastronomía, pues una lista de restaurantes. Estamos muy fichados, nos han convertido en consumidores, y para eso nos convierten primero en narcisistas. Desplaza este mecanismo a la política y comprenderás fenómenos como el de Trump. Nos halagan, nos acostumbran a buscar en los periódicos que nos van a dar la razón las noticias que queremos leer y en esa dinámica refuerzan identidades cerradas incapaces de buscar una realidad amplia y más objetiva del mundo.

–¿Por qué es tan difícil hacer ver que la democracia se basa en la dialéctica de fuerzas contrarias?, ¿por qué se busca el maximalismo político?

–La sustitución de la conciencia por los instintos bajos permite la manipulación. El lenguaje se empobrece, todo es una caricatura, lo diverso aparece como una amenaza, se entra en la dinámica de la crispación, el miedo y el odio, nos convierten en toros bravos para torearnos y para reconducir nuestro santo derecho a la indignación. Porque hay muchos motivos para la indignación, pero es menos peligroso odiarnos entre nosotros que buscar un espacio común para preguntarnos por el origen de la pobreza y la desigualdad. Las grandes fortunas han conseguido que los derechos humanos empiecen a ser un privilegio de las clases medias acomodadas. Los que peor lo pasan se hacen racistas por miedo a perder lo poco que tienen sin pensar quién es el responsable de su miseria. La política va también por ese camino, más que adversarios se tienen enemigos.

–Las Mil y una Noches demuestra que las palabras y el relato es una forma de poder…

–El relato nació como un acto de rebeldía contra la muerte. Y es así. Nos negamos a que desaparezca nuestro mundo, nuestro paso por la vida, nuestra memoria. Frente al tiempo de usar y tirar, el relato nos hace herederos de un pasado y responsables del futuro. La lucha por el poder es la lucha por el relato. Creo imprescindible sentarnos junto a la hoguera para contarnos nuestra vida. El diálogo generacional es lo contrario a un mundo dominado por viejo cascarrabias y jóvenes adánicos. La pérdida de memoria acaba cancelando el futuro.