Los Premios Princesa ponen el foco en la lucha contra el cambio climático

Los Premios Princesa ponen el foco en la lucha contra el cambio climático

Sandra Myrna Díaz y Joanne Chory reciben el galardón de Investigación por sus estudios sobre la importancia de las plantas en esta batalla

JOSÉ L. GONZÁLEZOVIEDO.

Desarrollar una planta con altas capacidades para absorber dióxido de carbono o comprender cuáles son los factores que determinan que un ecosistema sea más resistente que otro a las condiciones del cambio climático. Estos son solo dos de los elementos que conjugan las investigaciones de las biólogas Joanne Chory y Sandra Myrna Díaz, dos «pioneras» que ayer fueron reconocidas con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científico y Técnica por sus aportaciones a la lucha contra el calentamiento global.

El jurado de este galardón toma posición con este reconocimiento sobre uno de los grandes desafíos del siglo XXI: el diseño de estrategias que permitan mantener las condiciones de habitabilidad en el planeta. «Con la inminente amenaza del cambio climático, la humanidad se encuentra en una encrucijada fundamental. La oportunidad para que la ciencia y la tecnología cambien la situación nunca ha sido mayor», afirmó la científica estadounidense Joanne Chory tras recibir la noticia del premio.

Esta investigadora lleva más de 25 años desentrañando el funcionamiento biológico de las plantas. Desde el Instituto Salk, en el que ingresó en 1988, Chory desarrolló un enfoque novedoso en el estudio de los vegetales. La base de su trabajo es la Arabidopsis thaliana, una pequeña planta muy utilizada por los investigadores para los ensayos de laboratorio. En sus experimentos, Chory ha sido pionera en el uso de diversas técnicas ya existentes que aplica a este campo. Así, ensaya con la biología molecular y la genética, sometiendo a las plantas a condiciones de estrés para conocer sus respuestas.

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Lo revolucionario de su método le ha permitido descubrir cuáles son los factores que explican la adaptación de una planta a diversas condiciones. Un ejemplo es su primer gran hallazgo. Chory plantó una serie de semillas y observó su crecimiento con luz y sin ella. Antes, las empapó en una solución que dañaba su ADN. Como se esperaba, muchas de las que carecían de luz crecieron sin hojas, pero otras se desarrollaron como si hubieran visto la luz. Este experimento le sirvió para determinar que la detección de mutaciones en las plantas y la identificación de las mismas era un buen sistema para desentrañar los misterios de su crecimiento.

Esta vía de investigación la llevó a experimentar con el objetivo de superar uno de los retos a los que se enfrenta el planeta: el exceso de CO2 en la atmósfera. Junto a su equipo, Joanne Chory estudia el desarrollo de una variedad vegetal que es capaz de absorber 20 veces más dióxido de carbono de lo normal. «Las plantas evolucionaron para absorber el CO2 y son realmente buenas en eso. Lo concentran, lo que ninguna máquina puede hacer, y lo convierten en materiales útiles, como el azúcar», afirmó en una entrevista con 'The Guardian'. El reto en el que trabaja permitiría poner sobre la mesa un método con capacidad para frenar el cambio climático. «Tenemos que encontrar una manera de sacar el CO2 de la atmósfera y creo que las plantas son la única forma de hacerlo de un modo asequible. Siento que tengo el peso del mundo sobre mis hombros», afirmó esta investigadora que también desarrolla plantas con menos necesidades hídricas o más resistentes a las altas temperaturas.

La carrera de Sandra Myrna también se ha centrado en las plantas, aunque estudiándolas como colectivo, como ecosistema. La investigadora argentina desarrolló un concepto revolucionario, el de biodiversidad funcional, un método que identifica las diversas funciones que hace una planta y que permite cuantificarlas de forma global. Con este método es capaz de conocer la capacidad de resistencia de los ecosistemas a los efectos del cambio climático y también la importancia de los mismos para el mantenimiento de las condiciones que permitan la vida. «Me siento profundamente honrada por el premio, que, sinceramente, me tomó por sorpresa», señaló esta investigadora que ha profundizado en la ecología vegetal de los ecosistemas y en su aprovechamiento humano en forma de combustible, materiales o medicinas. Dos gigantes de la ciencia que luchan para que las plantas ayuden aún más a parar el cambio climático.