«Nada hay impropio en las relaciones de don Raúl Berzosa, nadie lo piensa»

«Nada hay impropio en las relaciones de don Raúl Berzosa, nadie lo piensa»
Tomás Muñoz. / E. C.

El 'número dos' del obispo habla de su renuncia temporal como prelado «por motivos personales»

A. VILLACORTAGIJÓN.

Tomás Muñoz (nacido en Valladolid en 1957, «pero mirobrigense de pura cepa») es el vicario general de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, el 'número dos' del obispo Raúl Berzosa, quien acaba de pedir al Papa una 'excedencia' temporal «por motivos personales». Una decisión inédita que ha caído como un bombazo en la sede episcopal más pequeña de España (apenas 38.000 habitantes), pillando por sorpresa incluso a los colaboradores más cercanos del prelado, quien fuera también obispo auxiliar de la Diócesis de Oviedo y que ahora ha sido sustituido por el arzobispo emérito de Burgos, Francisco Gil Hellín, a quien la Santa Sede ha rescatado de su jubilación en Murcia.

-Es de la misma añada que el obispo Berzosa y su mano derecha.

-(Ríe) Bueno, sí. No sé si la derecha o la izquierda, pero, en todo caso, una de las manos del obispo.

-¿Cómo se enteró de que se iba?

-Fue el pasado viernes. Ese día, don Raúl me dijo: «Tomás, tienes que convocar un Colegio de Consultores». Entonces, se convoca el Colegio de Consultores y hasta que no llega don Francisco (Gil Hellín) a presidirlo no nos enteramos. Fue él quien nos comunicó que don Raúl iba a dejar, temporalmente, el gobierno de la Diócesis por motivos personales, que solicitaba un tiempo para su reflexión.

-¿Berzosa no estuvo en esa reunión?

-Estuvo al principio, pero luego ya no. Es lo lógico.

-¿No les extrañó que fuese Hellín, obispo ya jubilado, quien presidiese ese Consejo?

-No. Es común. Y, además, él ha venido porque don Raúl fue su vicario en Burgos y se quieren muchísimo.

-Imagino que la sorpresa fue mayúscula.

-Claro. Fue una noticia sorprendente para todos nosotros.

-¿Tuvieron ocasión de despedirse?

-Sí. Después, fuimos todos a saludarlo y a estar con él.

-¿Cómo lo encontraron?

-Estaba bien. Serio, pero bien. Yo creo que don Raúl es una persona que tiene la suficiente entereza para saber mantener el tipo en todo momento. Nos saludó, nos habló y estuvo bastante entero.

-¿No le preguntaron por qué se iba?

-El problema es que eso son asuntos personales de don Raúl. Y, sea obispo o sea una persona cualquiera, no debemos entrar en ellos. No haríamos bien. Nunca nos vamos a meter en las cosas de don Raúl porque lo amamos y lo queremos mucho.

-Los buenos conocedores de la Diócesis sostienen que ha podido influir su relación con dos mujeres -madre e hija- que lo acompañan desde su etapa asturiana.

-Bueno, don Raúl las consideraba su familia. Han estado aquí con él como si fueran sus familiares, le han ayudado, le han acompañado... Todo normal. No creo que haya ninguna cosa impropia en esa relación. Es más: en Ciudad Rodrigo, no creo que nadie piense que la haya.

-¿Sus «razones personales» no van por ahí, entonces?

-Sinceramente, no lo sé. No se lo puedo decir porque no es mi amigo, es mi obispo. Don Raúl deja por ahora la Diócesis, estas dos personas siguen con su vida y nosotros con la nuestra. Tenemos que continuar. La Iglesia siempre tiene que seguir adelante.

-¿Tampoco hablaron del tiempo que va a estar fuera?

-No. Esa es otra cosa que nos han dejado clara también don Francisco y la Nunciatura. En principio, no hay ningún tiempo establecido. Lo mismo pueden ser tres meses que ocho que veinticinco. Lo único que sabemos, para que nadie se equivoque, es que sigue siendo el obispo titular de la Diócesis de Ciudad Rodrigo.

-Entiendo que ustedes confían en que regrese.

-Absolutamente. Creemos que, pasado un tiempo, regresará a su Diócesis para continuar su tarea aquí.

-¿Tampoco cree que se sintiese 'castigado' en la sede episcopal más pequeña de España?

-No. Todos nuestros obispos han estado encantados, siguen vinculados a esta Diócesis, le han cogido un cariño y un amor muy especial y, cuando se van, siempre miran por nosotros desde la lejanía. También es verdad que nuestros obispos suelen durar un tiempo muy determinado, en torno a siete u ocho años.

-Berzosa lleva siete...

-Sí. Por lo tanto, entraba dentro del tiempo normal para la Diócesis y, en este tiempo, ha sido una persona muy brillante, muy cercana, un gran obispo, maravilloso y muy querido.

-¿Teme que, aprovechando este vacío, Roma suprima la Diócesis?

-Absolutamente no. La Diócesis no está en peligro.

-¿Y los fieles cómo están?

-Sorprendidos, porque es una cosa extraña, pero hablan con los sacerdotes, les preguntan... Yo me siento con ellos y les digo: «No os preocupéis. A don Raúl lo conocemos, lo queremos, sabemos cómo es. Por lo tanto, tranquilos. Necesita un tiempo para sus cosas personales y no hay más». Es que han pasado muy pocos días.