Paco Ignacio Taibo II: «Soy un hombre de dos mundos»

Paco Ignacio Taibo II, en el paseo de Begoña, donde jugaba de niño. / DAMIÁN ARIENZA
Paco Ignacio Taibo II, en el paseo de Begoña, donde jugaba de niño. / DAMIÁN ARIENZA

Nació en Gijón, llegó a México con nueve años y ha vivido enfre ficciones y realidades | «Viví en Amsterdam, soy un fanático de Venecia, me siento en casa en Nápoles y en Nueva York y he recorrido La Habana en una bici china sin frenos»

M. F. ANTUÑA

Dos no, son muchos más los mundos reales y literarios de Paco Ignacio Taibo II (Gijón, 1949), puro ingenio, puro verbo ágil, un tipo que en cada frase guarda una historia asombrosa, una aventura, un cuento que contar. El primer lugar en el mundo para el creador de la Semana Negra y actual director del Fondo de Cultura Económica de México fue la calle de los Hermanos Fresno, en Gijón, muy cerca de Begoña. Allí nació y creció solo («yo empecé a tener hermanos en México»), pero muy bien acompañado de los niños con los que bajaba a jugar a Begoña y a comprar cariocas, esos saquitos de arena con una cuerda que se lanzaban al aire para hacerlos volar. «Para mí las cariocas son un recuerdo de infancia absoluto», dice, mientras desgrana sus días en casa en lugar de acudir al colegio. «Tuve todas las enfermedades infantiles dos veces, aprendí a simularlas para quedarme en casa leyendo, ponía puntitas rojas en la piel para tener varicela, metía el termómetro entre dos toallas y le pasaba la plancha para tener fiebre, aprendí a tener tos seca y a estornudar». O jugar o leer. Esa era su vida, hasta que su padre se percató del percal y se acabó el engaño. Estaba ya muy cerca su despedida de Asturias cuando eso sucedió.

Con nueve años se fue a México. «Recuerdo los pañuelos blancos que recibían al trasatlántico en Veracruz y los 28 días de travesía: Gijón, Vigo, Lisboa, Cádiz, Madeira, Nueva York, La Habana, Veracruz». Y allí descubrió las toronjas (pomelos) y los mangos y cambió en Ciudad de México Begoña por el parque de la Madre en la colonia de San Rafael. Y de un pueblín que era Gijón pasó a un pueblón que entonces tenía cuatro millones de habitantes y hoy supera los veinte. En la gran urbe la entrada no fue triunfal: «Me tenían frito los hijos de su chingada madre», dice sobre los niños que se burlaban de su acento español y del tamaño de su nariz. Pero pronto el acento se limó y México se hizo su hogar. «Primero fui a una escuela privada, luego a escuelas federales, a la Secundaria 4 y a la Nacional Preparatoria 1, y ahí vino ya el movimiento estudiantil y, cuando corre la sangre, uno ya tiene derecho a la nacionalidad. Yo, con el primer macanazo que me pegaron los granaderos en la cabeza, me hice mexicano». Fue en 1966 en una manifestación en apoyo a Vietnam. «No llevé muchas más, corría bien». Pero lo peor ocurrió en 1971 cuando le apuntaron a matar con una ametralladora.

Pero, pese a la sangre, el sudor y la entrega, siempre ha habido esa extraña sensación: «Durante tantos años fui hombre de dos mundos. Si me preguntan de dónde soy, diría que español no. Eso nunca lo fui, Toledo es el extranjero. Pero sí asturiano y mexicano, en términos de sensibilidad, cuando entro en los verdes asturianos tengo una profunda sensación de estar en casa».

Claro que, en realidad, para Taibo la casa es el planeta entero. «No nací para que no me gusten los sitios, a todos les encuentro encanto. Durante cierto tiempo tuve prejuicios contra París, hasta que me dijo Paloma: 'Eres idiota'. Fuimos a París y se me quitaron los prejuicios». Y es que además el mundo ha sido muy grande para él: «Viví en Amsterdam mes y medio, soy un fanático de Venecia donde he estado treinta veces, me siento en casa en Nápoles, una ciudad endiabladamente española, y luego en cierta medida vuelvo a casa en Nueva York, me muevo muy bien por América Latina, Bogotá, Lima, Buenos Aires... Y La Habana... He estado decenas de veces, la he caminado de punta a rabo, incluso en una bicicleta china sin frenos». Ha pateado Moscú, Crimea, Praga, Sofía... «La novela policiaca en los años setenta me llevó por todo el planeta».

Se le negó un viaje a China y lo tiene pendiente, aspira a conocer las pirámides de Egipto, quiere volver a Varsovia, el escenario del que será su próximo libro, y este año de estreno como director del Fondo de la Cultura Económica ha visitado veintiséis ciudades del interior de México. «¿Desde dónde lo vas a dirigir?, ¿desde ese edificio faraónico o desde la calle? Pues me eché a la calle».

-¿No se habrá puesto traje con esto del nuevo cargo?

-Jajajajajajajajajaja. Cuando hablé con Andrés (López Obrador, presidente de México), le dije: «No voy a usar corbata». Me replicó: «Ni yo soy capaz de pedírtelo. Si tienes que ir a recepciones, vete como quieras». Y voy en camiseta.