Estos son los ocho mineros que rescataron a Julen

Los mineros, anoche, abandonan Totalán tras finalizar las labores de rescate./Salvador Salas
Los mineros, anoche, abandonan Totalán tras finalizar las labores de rescate. / Salvador Salas

La Brigada de Salvamento Minero tiene especialistas con gran experiencia. Sus nombres: Sergio Tuñón, Lázaro Alves Gutiérrez, Maudilio Suárez, José Antonio Huerta Lamuño, Adrián Villarroel Fernández, Jesús Alfonso Fernández Prado, Rubén García Ares y Antonio Ortega

EDUARDO PANEQUE

La vigilia convocada para apoyar a los mineros en el rescate de Julen se repetía de forma íntima y modesta en muchos hogares de Asturias. Madres, hermanos, amigos o vecinos pasaron la noche en vela esperando novedades. Las primeras, las de los medios de comunicación porque los ocho integrantes de la brigada se conectaron por última vez al teléfono móvil el jueves al amanecer.

Capitaneados por Sergio Tuñón, Lázaro Alves Gutiérrez, Maudilio Suárez, José Antonio Huerta Lamuño, Adrián Villarroel Fernández, Jesús Alfonso Fernández Prado, Rubén García Ares han sido los ocho hombres encargados del rescate.

Marcos Huerta es uno de los que espera noticias. Trabaja en el pozo Santiago y por ello entiende por lo que puede estar pasando su hermano, José Antonio Huerta Lamuño, uno de los ocho mineros que se encargarán de rescatar a Julen en Totalán (Málaga). Son jornadas intensas en casa: «Cada día lo primero que hacía al salir de trabajar era llamar a mi madre para saber si ya estaban allí». Anoche Marcos se fue a la cama conocedor de que, esta vez sí, los relevos en Totalán habían comenzado. «Dormiré poco e iré a trabajar con la incertidumbre de saber cómo avanzan». Afortunadamente tendrá el apoyo de Oliver, el hermano de otro de los brigadistas (Maudilio Suárez) con quien comparte centro de trabajo. «Llevamos días hablando de ello constantemente, es un apoyo mutuo».

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En la casa de los Lamuño se respira minería, también en la de los Alves. El padre de Lázaro, Eduardo Augusto Alves, fue uno de los 14 fallecidos en uno de los mayores accidentes de la minería asturiana, la del pozo de San Nicolás en 1995. A Lázaro, como otros muchos, le tocó vivir una de esas historias dramáticas que con demasiada frecuencia han ido de la mano de esta profesión. Y allí está ahora, por ese sentido de responsabilidad, de pasar el relevo de generación en generación o como recuerdan sus allegados «porque esa desgracia le ha hecho consagrar su vida a los demás».

Ese sentido del deber culminó ayer en el momento decisivo del rescate en Totalán. Un instante que se había venido posponiendo desde que recibieron la llamada de urgencia desde el ministerio de Defensa el pasado 15 de enero. «Estaban en el Fondón cuando llamó el jefe (Gregorio) y en media hora ya estaban esperando al avión», cuentan algunos familiares. En ese momento contaban que iba ser todo rápido hasta que el operativo se fue complicando».

Partieron desde Asturias en un avión militar contando con que todo iba a ir rápido hasta que comenzaron a surgir las complicaciones. Pero no han sido diez días en balde. Quienes han estado en contacto con ellos aseguran que «han estado ayudando a los electricistas, tirando cables para los generadores, preparando los tubos para encamisar el pozo o simplemente ayudando en todo lo que hiciera falta».

Las cuencas mineras pasan una noche más mirando al sur con esa confianza ciega en aquellos que llevan la mina en la sangre y de su solvencia para avanzar en condiciones extremas, de trabajar bajo presión y de ser capaces de resolver cualquier inconveniente.

«Aunque ellos están acostumbrados a trabajar con carbón y se trata de otros materiales son los mejor preparados para concluir la galería», subraya Marcos Lamuño. «Son todos muy disciplinados y no se permiten ningún tipo de distracción», describen desde quienes conocen bien a estos brigadistas.

El trabajo a realizar lo han repasado una y otra vez estas jornadas: han bajado por una cápsula creada para esta ocasión y trabajan en la galería en condiciones extremas por la falta de espacio, luz y oxígeno, con herramientas manuales y la posibilidad de tener que hacer microvoladuras. Los brigadistas, por parejas y en turnos de 40 minutos, van con mascarillas, detectores de oxígeno y están en contacto con el operativo vía telefónica.

Aunque a última hora de ayer el portavoz del Instituto Armado, Jorge Martín, pidió «paciencia» ante los medios, las 24 horas que se han marcado para llegar al objetivo deseado se harán eternas. En las familias y los vecinos de Totalán pero también entre los que aguantan el aliente por los suyos desde Asturias.