Los ferrocarriles de vía estrecha de Asturias

Tras sobrevivir casi de milagro a la gran crisis ferroviaria de los años setenta, hoy son líneas que se han de observar con la atención que merece su carácter de recurso irrenunciable

JAVIER FERNÁNDEZ LÓPEZDIRECTOR DEL MUSEO DEL FERROCARRIL DE ASTURIAS
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                             GASPAR MEANA/
:: GASPAR MEANA

El profesor Aladino Fernández ha identificado con acierto los escenarios geofísico y económico que ha condicionado históricamente a la vía estrecha de Asturias. Los ferrocarriles que forman la red asturiana y que finalmente se integraron en Feve han estado fuertemente definidos por esos rasgos, que contribuyen también a identificar la situación actual de las comunicaciones de la región.

Nacen estos ferrocarriles en un marco geográfico identificado por las grandes dificultades de trazado que causa su discurrir por la rasa costera y los valles fluviales cantábricos y por el aislamiento que imponen la cordillera y el mar, lo que obliga a reconocer su catalogación como periférica. Y si ha sido periférica en lo geográfico, no lo ha sido menos en lo económico, lastrada durante muchas décadas por el escaso control de los recursos propios, ajena a las grandes decisiones sobre su porvenir que en tantos casos se han venido tomando fuera de su ámbito, por intereses financieros no muy alejados de lo especulativo en la época de las compañías privadas y por conveniencias políticas en su época pública.

En el centro de Asturias se aglutina la población, los medios de comunicación, la industria y la mayoría de las infraestructuras y recursos hasta permitir, la Ciudad Astur que define el profesor Fermín Rodríguez Gutiérrez, ahora una verdadera conurbación de más de 850.000 habitantes. En este marco, las alas asturianas, sus subregiones oriental y occidental han sufrido un papel subordinado general, que en transporte se ha representado típicamente por los ferrocarriles de vía estrecha, que se arrogaron, por que no les quedó otro remedio, un papel de medio de transporte local e incluso interregional, no siempre felizmente resuelto.

Y, sin embargo, estos ferrocarriles nacieron con una intención muy distinta, en un marco económico muy diferente y apenas han tenido tres décadas para adaptarse a su nuevo papel. Porque, en realidad, las líneas férreas de vía estrecha de Asturias surgieron para necesidades específicas que poco tienen que ver con las funciones que el paso del tiempo les ha deparado.

El veterano ferrocarril de Langreo es un caso claro. El primero de vía estrecha de España, vía estrecha relativa porque fue construido en origen en ancho internacional, fue un ferrocarril de tipo eminentemente minero en su origen y en sus primeros 125 años de vida. La crisis hullera y el desarrollo de las poblaciones atravesadas lo han transformado en una línea de cercanías suburbana.

La línea de Oviedo a Infiesto, construida por la Compañía de los Ferrocarriles Económicos de Asturias, nació en 1891 con meras pretensiones de tráfico local desde Oviedo a su zona de influencia hacia el Este. Después, desde la apertura del enlace a Llanes y Santander en 1905 se convirtió, agregada a otras líneas cántabras y vascas, en el tronco general ferroviario que comunica Francia con Asturias y Ferrol.

Por su parte, el Vasco Asturiano, creado con el fin específico de servir el tráfico hullero entre las minas del sur de Mieres y el mar, se ha acabado segregando, con el fin de la minería, en dos secciones perfectamente separadas a efectos de explotación. La del sur, es una línea suburbana de las cuencas del Caudal y del Aller. La de Oviedo a Pravia es tronco de la línea general cantábrica y con ramal a San Esteban sirve a los viajeros del bajo Nalón.

El antiguo Ferrocarril de Carreño ha sido también testigo de una clara evolución. De línea estrictamente minera, en este caso para el hierro de la costa asturiana, ha devenido, progresivamente, en el enlace ferroviario entre Gijón y Avilés y sección central del ramal norte de la línea general.

Por último, el Ferrol-Gijón, que llegó tarde a su propio nacimiento. Con su dilatado período de construcción, cuando por fin en 1972 se completó el recorrido completo astur galaico, las necesidades de tráfico general y de tipo estratégico que le habían dado sentido en los albores del siglo XX habían desaparecido por completo. En la actualidad, con un potencial todavía por definir, delimita el perímetro noroccidental de la Ciudad Astur, contribuyendo a cerrar el círculo de comunicaciones férreas que la articula por completo.

Trazados estos de vía estrecha que llevan sirviendo a la región desde hace más de cien años, que superando ampliamente las ambiciones de sus iniciales promotores y sus limitaciones iniciales, se adaptan al futuro y afortunadamente aún están hoy en medio de todo en Asturias. Tras sobrevivir casi de milagro a la gran crisis ferroviaria de los años setenta y primeros ochenta, hoy son líneas que se han de observar con la atención que merece su carácter de recurso irrenunciable, de herramienta estratégica que, sin duda, ha de contribuir a la articulación de los transportes y a la regulación de los desequilibrios regionales. Por eso, los trenes de vía estrecha de Asturias luchan aceleradamente contra su propio pasado para recrear el futuro que se les demanda.

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