Crimen del bebé de Nuevo Roces | Unas mantas y objetos personales en la basura, claves para llegar a la madre del bebé asesinado en Gijón

Silvia A. M. / E. C.

La detenida, en su cambio de versión, asegura que entregó al niño vivo a su novio para que lo diese en adopción

OLAYA SUÁREZGIJÓN.

No se veían desde que el 21 de septiembre fueron detenidos en el piso en el que convivían en la calle de Jenaro Suárez Prendes, justo frente al contenedor en el que el 2 de agosto un vecino encontró cosido a puñaladas al recién nacido. Silvia A. M. y el que fue su compañero sentimental durante los últimos siete años se encontraron cara a cara el martes en los juzgados. Así lo quiso la jueza que instruye el procedimiento por el asesinato del recién nacido. La intención era enfrentar a la pareja a un careo para constatar la última versión aportada por ella de forma voluntaria. Si en un primer momento exculpó a su novio de toda responsabilidad, en un segundo testimonio lo culpabilizó a él de lo ocurrido.

Durante el tenso encuentro entre ambos, la joven de 28 años mantuvo que su pareja no quería al bebé que ambos esperaban y que le había exigido que abortase o se deshiciese del niño. Él insistió en sus primeras declaraciones: desconocía que su novia estaba embarazada y no había participado en el crimen del recién nacido, del que aseguró no haber tenido noticias hasta que la Policía llamó a su casa un mes y medio después del macabro hallazgo en el depósito de basura. Sin embargo, ella dice ahora que le entregó al niño vivo a su novio con la intención de que lo entregase en adopción.

La mujer continúa en el centro penitenciario de Asturias acusada de un delito de asesinato. Su compañero sentimental permanece en libertad con cargos y con la obligación de comparecer todos los días en los juzgados, a la espera de que se esclarezca si tuvo alguna implicación en el macabro episodio que convulsionó no solo al barrio de Nuevo Roces, sino a toda la región.

La titular del juzgado de Instrucción número 2 ha levantado el secreto de sumario tras dos meses y medio preservando las actuaciones. Sin embargo, aún quedan flecos por hilar, como los resultados de las pruebas biológicas -entre ellas la de paternidad del compañero sentimental- y otras actuaciones técnicas que ha solicitado. Por el momento, no existen pruebas concluyentes que determinen que el joven participó de una u otra forma en el crimen.

Reconoció que tiró el cadáver

La propia Silvia A. M. en su primer testimonio reconoció que había sido ella la que había arrojado al contenedor el cadáver del bebé. Ahora, sin embargo, lo niega. Afirma que ni mató al bebé -un extremo que tampoco antes asumió- y que tampoco fue ella la que tiró a su hijo a la basura. Únicamente, reconoce que mantuvo en secreto su gestación a sus padres, sus vecinos y su entorno y que alumbró sola en su domicilio sin asistencia sanitaria ni antes ni durante ni después del parto.

Las arduas investigaciones realizadas por la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), con la asistencia de los agentes de la Brigada de la Policía Científica, permitieron fijar las sospechas en la pareja luego detenida a las pocas semanas del hallazgo del cadáver. Fue una pieza clave el análisis pormenorizado de la basura, no solo la que se encontraba en el mismo contenedor en el que apareció el bebé, también de cientos de desperdicios depositados los días anteriores y posteriores en los contenedores y las papeleras de Nuevo Roces.

Según ha podido saber EL COMERCIO, restos hallados entre la basura fueron determinantes para llegar hasta la madre biológica del niño. Unas mantas utilizadas durante el alumbramiento y otros objetos personales fueron cruciales para determinar la identidad de los sospechosos. Esas pruebas habrían permitido seguir tirando del hilo para componer un complejo puzzle que se complicó por el hecho de que ni la gestante había tenido un seguimiento médico ni tampoco su entorno conocía el embarazo.

Los agentes sometieron a un seguimiento a la pareja y la madrugada del 21 de septiembre cuando fueron arrestados en su domicilio. Desde los hechos hasta su detención, llevaron una vida normal, incluso se fueron de vacaciones en agosto a la zona de Levante. A su regreso a Gijón, él volvió a su puesto de trabajo en una empresa de instalaciones eléctricas y ella a sus rutinas diarias: pasear con el perro, las tareas del hogar y visitar a sus padres en El Llano.

El perro de la pareja, del que ella no se separaba, fue entregado al albergue municipal de animales a la espera de que se decida si algún familiar se hace cargo de él. Por su parte, la vivienda fue precintada el mismo día de la detención por orden judicial y para evitar que se pudieran eliminar pruebas que resultasen relevantes para la investigación. El piso fue escenario de un pormenorizado examen por parte de la Brigada de la Policía Científica. Las inspecciones consiguieron revelar vestigios que ayuden a esclarecer y reconstruir cómo se produjo el parto y el posterior crimen del bebé, un niño que nació a término y sano, y que fue acuchillado.

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