Alfredo Pérez Rubalcaba, el gran estratega del regate corto

Alfredo Pérez Rubalcaba, el gran estratega del regate corto

El exdirigente socialista era un enamorado de Llanes a donde se escapaba todos los veranos

Eduardo Paneque
EDUARDO PANEQUEGijón

En sus 67 años, lo fue casi todo. Menos Presidente del Gobierno. Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, 28 de julio de 1951 - Madrid, 9 de mayo de 2019) solo lo intentó una vez, en uno de los peores momentos para el socialismo, cuando casi nadie quería tomar las riendas a galope de una intención de voto a la deriva tras dos legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero. «Tengo un programa para España y creo saber lo que España necesita«, decía entonces. No consiguió culminar ese útlimo favor a un partido que veía en él la única persona capaz de batirse en duelo ante Mariano Rajoy. Perdió. Pero, una vez más, no tiró la toalla. De hecho, inició la reconstrución de un perfil más humanizado de cara a aquellos que seguían viendo una figura sombría. Una vida extra que se convirtió en el epílogo de su carrera política. Venció a Carme Chacón en las primarias (2012) que le llevarían a la secretaria general del PSOE pero solo dos años despues, tras los malos resultados en las elecciones europeas (2014), se hizo a un lado dando el relevo a Pedro Sánchez.

Con la vuelta las aulas, desempolvando su batín como doctor universitario en Químicas, Alfredo Pérez Rubalcaba dejaba atrás tres décadas de poder, posiblemente el que más influencia ha tenido en más de 40 años de deomocracia: ministro de Educación y Ciencia (1992-1993), ministro de la Presidencia y portavoz (1993-1996), ambos con Felipe González; portavoz en el Congreso (2004-2006), ministro de Interior (2006-2011) y portavoz (2010-2011), con Rodríguez Zapatero. Pero, los cargos son solo eso, cargos. Porque en lo que sale de una simple lectura de curriculum, su figura será recordada por ser el firme impulsor de la LOGSE, por las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros en la conocida como la 'legislatura de la crispación', dar la cara ante los escándalos como el 'caso Roldán' o el 'caso GAL', o por las conversaciones que conducirían al cese de la violencia de ETA. «Me siento orgulloso de lo que hicimos. Mi obsesión fue que no se repitiera lo de 1998», aseguró años más tarde en referencia al proceso de diálogo abierto con la banda terrorista en 2006.

Estratega y estadista. Los diarios de sesiones del Congreso serán legado de sus refriegas parlamentarias, sus dardos envenenados y clases prácticas de dialéctica. De todo aquello, su mote de «El Príncipe de Las Tinieblas» por su habilidades para la estrategia -suyos son los acuerdos con los partidos nacionalistas y la fórmula de geometría variable- o, dirían sus enemigos, la conspiración. Seductor en las distancias cortas, sus adversarios le atribuyeron durante años las operaciones más maquiavélicas y maniobras nunca probadas de espionaje político. En su despedida del Congreso, hace cinco años, sin embargo, recibió una cerrada ovación de todas las bancadas. «En España se entierra muy bien», decía él con su proverbial ironía.

En un caso u otro, Alfredo nunca bajaba la guardia, ni en la Cámara Baja ni fuera de ella. Siempre alerta, fue él quien tras los atentados del 11-M apareció en las pantallas diciendo: «Los ciudadanos españoles se merecen un Gobierno que no les mienta». Era 13 de marzo y fueron palabras que, probablemente, cambiarían el rumbo del país.

En la apretada agenda siempre buscaba un hueco para Asturias. Y en concreto, para Llanes donde poseía una vivienda en Brizia. Este era su sitio de descanso, su remanso de paz, el lugar donde le gustaba dejarse ver y charlar con los vecinos alejado del foco mediático, por sus calles y por sus playas. Y siempre junto a su esposa, Pilar Goya, de quien no se ha separado hasta el último momento.

Su pasión por Asturias

Y ni con esas, ni del Sporting ni del Oviedo. Su color futbolero, desde bien pequeño, cuando se mudó con su familia al barrio de Salamanca, eran el blanco del Real Madrid, del que su carné de socio siempre mostraba con orgullo. El fútbol era su pasión, el atletismo su vocación. No en vano destacó en sus años mozos en las pruebas universitarias. Su prueba favorita, los 100 metros lisos. «Rubalcaba es un esprínter: hizo los cien metros en poco más de diez segundos y puede ganar las elecciones en diez meses», subraya Rodríguez Zapatero al presentarle como candidato en los comicios generales de 2011.

Eran los años que estudiaba Química, los mismos en los que iniciaba su militancia en la Federación Socialista Madrileña, y que compaginaba con sus trabajos en universidades alemanas y francesas y publicaciones en revistas especializadas. Esos mismos estudios a los que volvió en la etapa final de su carrera.

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