Juan Vázquez deja Ciudadanos por su giro a la derecha: «Mis capacidades son mayores para la gestión que para la oposición»

Juan Vázquez, ayer, en las dependencias de la Junta General./ HUGO ÁLVAREZ
Juan Vázquez, ayer, en las dependencias de la Junta General. / HUGO ÁLVAREZ

El conflicto interno de las últimas semanas estalla con la renuncia al escaño del exrector, frustrado también por verse abocado a la oposición

ANDRÉS SUÁREZOVIEDO.

Hace días ya que en las confidencias propias de los pasillos del Parlamento asturiano ganaba enteros la posibilidad de que Juan Vázquez pusiera punto y final a su aventura política en Ciudadanos, pero es verdad que en esas quinielas prácticamente nadie apuntaba un desenlace tan rápido. Tanto que ayer mismo, apenas unas horas después del pleno de constitución de la Junta General, el exrector de la Universidad de Oviedo oficializó su renuncia al escaño. Una despedida que viene abonada por rifirrafes en el seno de la formación naranja prácticamente desde que Vázquez aterrizó al frente de la candidatura, primero por el diseño de la lista y después, y sobre todo, por la línea política a seguir. Aunque fue prudente en su despedida, quien estaba llamado a ser portavoz parlamentario no escondió su malestar con el giro a la derecha que, a su juicio, ha tomado la dirección nacional que lidera Albert Rivera. «Yo me he mantenido donde estaba, los movimientos han sido de otros», deslizó en un mensaje sutil, pero contundente.

No suelen resultar exitosas las aventuras de los independientes en la política, y lo que parecía una fulgurante irrupción en la escena asturiana, la de un ex rector con prestigio social, acabó convirtiéndose en un camino de espinas. Vázquez nunca se sintió cómodo en los círculos orgánicos de Ciudadanos, colisionó con la cúpula nacional del partido, que le dio la vuelta a su propuesta de candidatura como si de un calcetín se tratase, y acabó chocando frontalmente con la estrategia de pactos de la formación naranja: en el conjunto del país, con acuerdos con PP y Vox, y singularmente en Oviedo, donde Ciudadanos dio la Alcaldía a los populares y cercenó así la expectativa del académico allerano de llegar a acuerdos con el PSOE en la Junta General para facilitar la gobernabilidad de Asturias.

Como suele hacer, Vázquez eligió con cuidado las palabras. Evitó los términos gruesos y no quiso pasar facturas personales, aunque quien le conoce bien dice que tendría razones para hacerlo, pero opinó que del proyecto político de Ciudadanos al que optó por sumarse queda ya poco o nada. Poco o nada de la apuesta por ser un partido «bisagra» llamado a ocupar el «centro» y a asegurar, allí donde fuera posible y razonable, «estabilidad» en la gobernabilidad. Las «orientaciones» de Ciudadanos «han cambiado en cosas importantes» y las que ahora están vigentes, razonó, no son las de hace unos meses, cuando decidió dar el 'sí'.

Vázquez, a quien algunos reprochan un exceso de ambición personal, plasmada, sostiene un sector del partido, en un indisimulado interés por alcanzar la Presidencia de la Junta una vez descartadas las opciones de ser parte activa del futuro Gobierno regional, dejó claro que el escenario a afrontar en los próximos meses no le seducía. Señaló que si bien el resultado electoral suponía una mejora, esta había resultado insuficiente y las opciones de aplicar y desarrollar el programa político propio se habían visto «recortadas».

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Espectador y no actor

Así, argumentó, Ciudadanos, lejos de ser un «actor» clave en el tablero regional, pasaba a ejercer un papel de mero «espectador». Vázquez dijo dar por descontado que los acuerdos con el PSOE «no van a ser factibles» en un futuro cercano y que su actitud no es la de «esperar en la orilla del río a ver cómo baja el agua». Reflexiones orientadas a dar a entender que encasillarse en la oposición está lejos de sus expectativas. «Mis capacidades son mayores para la gestión que para la oposición», remachó, agregando que para este segundo papel hay otras personas «más útiles», en lo que sonó a un dardo venenoso en clave interna.

Aunque el ex rector desvinculó su adiós de los movimientos nacionales protagonizados por Toni Roldán y Javier Nart, es obvio que la coincidencia de tiempos ha dado más fulgor a su salida. En su discurso de despedida sí dejó traslucir cierta amargura por no haber sido capaz de hacer calar una concepción «ilustrada» de la política en la que los «méritos» primen sobre las «lealtades» y la «capacidad» se imponga a la «mediocridad».