Javier Ledo confiesa la muerte de Paz Férnandez Borrego

Efectivos de la Guardia Civil conducen a Javier Ledo a su vivienda, en el centro de Navia, para que esté presente durante un nuevo registro. / HUGO ÁLVAREZ

Los rastros de sangre, una chaqueta de la víctima y las muletas, claves para los agentes. Hoy declara ante la magistrada

RAMÓN MUÑIZ / DAVID SUÁREZ NAVIA / GIJÓN.

Javier Ledo, el coañés arrestado el viernes como principal sospechoso de la muerte de la gijonesa Paz Fernández, ha terminado por derrumbarse. El avance de la investigación liderada por la Guardia Civil consiguió socavar la firmeza del relato que venía utilizando para declararse inocente, según confirman fuentes próximas al caso. Este domingo asumió su participación en el crimen y colaboró aportando nuevas pistas a los agentes, tal y como adelantó EL COMERCIO. Para corroborar esos detalles, los especialistas del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (Geas) tienen previsto regresar hoy al pantano de Arbón, el lugar donde fue encontrado el cuerpo de la víctima, con signos evidentes de haber sufrido una muerte violenta.

La confesión de Ledo llega antes de que en la mañana de hoy lunes, alrededor de las nueve, se cumpla el plazo de 72 horas desde su arresto. Ese era el margen del que disponía la magistrada Marta Huerta Novoa, titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción, para resolver sobre la situación personal del sospechoso. Es decir, sopesar si los indicios son suficientes para enviarle a la cárcel en calidad de preso preventivo, o por contra procedía la libertad con o sin fianza.

El reconocimiento de los hechos en el cuartel de Luarca deberá ahora ser ratificado en sede judicial para adquirir plena validez y abrirle la puerta a que, llegada la hora, puedan apreciarse posibles atenuantes de confesión y colaboración. Desde su arresto del viernes, pasadas a las nueve, en Navia, Ledo ha asistido en primera fila al amplio despliegue realizado por el instituto armado para completar las piezas que faltaban a este puzle. La detención y posterior entrada y registro solo se activó cuando las declaraciones testificales en la zona se contaban por docenas y habían llegado los resultados de la autopsia. Los forenses determinaron que la gijonesa falleció debido a las fracturas cranoencefálicas que su agresor le propinó con un objeto romo.

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Las lesiones eran compatibles con distintos elementos, pero los investigadores han puesto especial empeño en localizar las dos muletas que Javier Ledo venía utilizando hasta hace unas semanas. En los registros practicados en la vivienda que utilizaba en Navia para pernoctar y la casa familiar de Llosoiro fueron localizados los andadores, y remitidos al laboratorio de Criminalística de Oviedo para su procesamiento.

En su anterior versión exculpatoria, el sospechoso subrayaba que los problemas que había tenido para caminar le impedían utilizar un coche como el que se supone debí emplear el asesino. En las entrevistas a los medios de comunicación alegó que lleva años sin conducir, algo que los agentes reputaron falso. Según han constatado, carecía de permiso pero en el último par de años seguía moviéndose mediante un turismo del que se deshizo poco después del 6 de febrero, fecha en la que desapareció la que decía era su amiga.

El relato exculpatorio incidía en que aquel día la gijonesa no llegó a estar en la vivienda de Javier Ledo. Paz reservó una habitación en una pensión a escasos treinta metros del 9 de la calle Hospital, vivienda de tres plantas, sótano y buhardilla propiedas de la familia del coañés, y que éste utilizaba en exclusiva. El sospechoso decía que el día de autos invitó a comer a la gijonesa, pero que ella lo rechazó. Luego se reunieron en el establecimiento hostelero, habrían quedado para cenar en la casa de Ledo, pero según venía alegando éste, la mujer nunca llegó a franquear su puerta.

Tumbar esa coartada era clave para los agentes. Sabían que el sospechoso había dispuesto de tres semanas y media para borrar toda posible huella en la vivienda, pero echaron el resto. Desde Madrid se trajo a perros adiestrados en la detección de restos humanos. El equipo de Criminología se enfundó sus monos protectores blancos y fueron habitación por habitación, utilizando líquidos, apagando la luz y aplicando una linterna azul para descubrir cualquier vestigio de sangre. La cocina, situada en la primera planta, se reveló como una de las mejores fuentes de información. Es habitual que las impresiones de sangre queden en los desagües, trapos y otros elementos, incluso después de un intento de limpieza. Tras esa primera inspección ocultar, se llevaron decenas los útiles domésticos al laboratorio para completar la inspección, entre ellos, una fregona.

Buscaron (y encontraron) muletas, el coche, restos de sangre pero había otro indicio codiciado. La Guardia Civil tenía comprobado que Paz Fernández llegó a Navia con una chaqueta que no fue localizada en la maleta que dejó en el hostal, ni en su autocaravana que apareció abandonada cerca del Hospital de Jarrio; tampoco en el pantano de Arbás donde el cuerpo emergió vestido pero sin ropa interior. Dar con la prenda se convirtió en una de las prioridades de los registros. Fuentes próximas al caso aseguran que la pesquisa tuvo éxito.

Ataque a una nonagenaria

La última diligencia practicada, en la tarde de ayer, consistió en repasar los principales escenarios del crimen junto al supuesto autor. En un coche sin distintivos oficiales, sentado atrás, entre dos agentes, Ledo vio por última vez la casa en la que sí habría entrado Paz y el pantano en el que su cuerpo fue ocultado.

Los uniformados se han tenido que emplear en jornadas maratonianas para desmontar el relato de Ledo antes de las 72 horas. No es la primera vez que se encontraban ante semejante desafió. Al coañés se lo ha relacionado con robos en la zona. El último fue un asalto en el domicilio de una mujer que ronda los 90 años. El ladrón se presentó con pasamontañas y le puso un cuchillo en el cuello. El suceso tuvo lugar hace un mes, sin que los agentes pudieran hasta el momento acreditar su participación en un delito que conduciría a su autor directamente a prisión dada la violencia empleada. Cárcel vienen solicitando también los representantes de la exmujer de Ledo por las amenazas de muerte que le dirigió.

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