La Guardia Civil apura el plazo para reunir pruebas contra Ledo

Efectivos de la Guardia Civil conducen a Javier Ledo a su vivienda, en el centro de Navia./ D. S. F.
Efectivos de la Guardia Civil conducen a Javier Ledo a su vivienda, en el centro de Navia. / D. S. F.

«Con lo que tenemos se le va a caer el pelo», afirman los agentes sobre el presunto autor del asesinato de Paz Fernández | Los investigadores se llevan una muleta de casa de los padres del detenido

D. S. FUENTE / RAMÓN MUÑIZ NAVIA / LUARCA.

La Guardia Civil apura el plazo para practicar las últimas diligencias que ayuden a esclarecer el asesinato de la gijonesa Paz Fernández Borrego. El presunto autor del crimen, el coañés Javier Ledo, que fue detenido el pasado viernes, ha sido trasladado esta tarde desde el cuartel de Luarca hasta su piso en la calle Hospital, en el casco histórico de Navia. Ni él ni los agentes que lo trasladaban en un vehículo camuflado se han bajado y se han ido hacia otro lugar.

El esfuerzo de los agentes encargados de la investigación, que tienen de plazo hasta mañana, a primera hora, para poner a Ledo a disposición judicial, se centran en el hallazgo del arma del crimen. Según ha trascendido, los agentes se habrían llevado una muleta de la vivienda de los padres de Ledo, en el núcleo coañés de Llosorio, y buscarían la segunda.

Esta operación se suma a las realizadas desde el viernes por la mañana, cuando Ledo fue detenido. Se han realizado tres registros en sus viviendas más habituales, extrayendo de ellos docenas de bolsas con objetos en busca de pruebas. Le consideran el principal sospechoso del asesinato de la gijonesa Paz Fernández Borrego, pero hay varias piezas que faltan para completar el puzzle. La obsesión en las pesquisas del viernes era localizar el objeto utilizado por el hombre para supuestamente golpear en la cabeza hasta la muerte a la que, según insiste, era su amiga.

Con perros aportados por el Servicio Cinelógico de Madrid se buscaba también cualquier otro rastro biológico que pudiera delatar la presencia de la víctima en ambas casas. Los agentes son conscientes de la dificultad de la pesquisa. Paz desapareció el 13 de febrero. Es decir, en caso de estar ante el culpable, el sospechoso habría dispuesto de tres semanas y media para tratar de borrar las huellas del crimen y preparar su coartada. Mucho tiempo que los agentes tratan de compensar a base de trabajo, ciencia y paciencia.

El laboratorio de Criminalística con sede en la Comandancia de Oviedo está volcado en el caso, trabajando a contrarreloj. Tienen que procesar docenas de bolsas de material precedente de los registros. Su especialidad es la de descubrir huellas, tomar muestras, fotografías, hacer inspecciones oculares. Tras el primer cribado, los elementos que sean considerados de mayor interés pasarían al centro de Madrid, capaz de procesar el ADN de los mismos.

A pesar de las maratonianas jornadas que llevan desde el viernes, la moral es alta. «Con lo que tenemos, se le va a caer el pelo», confió uno de los agentes. Cabe matizar que el coañés ha sido arrestado como presunto autor de esta muerte, pero a ojos del Instituto Armado es desde hace meses sospechoso de otra serie de robos en los que se cree estuvo implicado.

El escenario en el que más expectativas tienen de encontrar las piezas que les faltan es su guarida, donde se movía con mayor intimidad, libre de la mirada de sus familiares: el número 9 de la calle Hospital de Navia. Levantado en 1940, el inmueble cuenta con un almacén subterráneo y una planta baja que en tiempos funcionó como bar: El Anes primero y luego, en los años 80, el muy bullicioso El Pirata. Las escaleras dan a dos pisos y una buhardilla. En total, 124 metros cuadrados según el Catastro que los uniformados han escrutado palmo a palmo.

Allí, según los vecinos, pernoctaba el sospechoso «casi todos los días. Llegaba alrededor de las ocho de la tarde y se marchaba a las diez de la mañana». Lo hacía normalmente solo, aunque los agentes creen que pudo ser uno de los últimos sitios donde Paz estuvo en vida. Cabe recordar que la mujer tenía reservada una habitación en un hostal ubicado a dos portales de allí, donde se la vió en compañía de Javier Ledo en el que se cree fue su último día de vida.

Todo registro debe efectuarse en presencia del investigado. Por ese motivo, al poco de arrestrarlo los agentes llevaron esposado al sospechoso hasta su guardia. Fue en la mañana del viernes y luego, tras un par de horas de pasar a disposición del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Luarca, prosiguieron el examen hasta cerca de la medianoche. Ayer todavía tomaron las últimas fotografías y retiraron un par de bolsas más, antes de dejar precintado un edificio tan desaliñado por fuera como por dentro.

Nada más abrir la puerta, los agentes toparon una planta baja que es un mundo de suciedad y abandono. La estancia de color salmón acumula tablas, colchones, una caña de pescar y toneladas de polvo. El sótano sigue ejerciendo de almacén de material de construcción. La primera planta es la que Ledo utiliza como cocina y comedor. En una esquina de la segunda tenía su habitación, provista de un tendal «que nunca utilizaba», matizan otros residentes de la calle.

Los análisis resultaron agotadores. Tres turnos de la Benemérita se fueron turnando para no bajar el ritmo. En un momento dado hubo que parar, llevar al esposado a un vehículo de los agentes, y traerle un bocadillo y una botella de agua.

En la medianoche del viernes los agentes desmontaron el dispositivo en Navia sin terminar de trabajar. Una decena de vehículos con el sospechoso, los canes adiestrados en la búsqueda de restos biológicos y los investigadores de Criminalística irrumpieron en la vivienda de sus padres, en Llosorio. El susto para los familiares fue de impresión. Tiene un padre aquejado de alzheimer, una madre, cuatro hermanas que acuden al lugar de cuando en cuando y un pastor alemán que se bate contra los desconocidos. De la casa sacaron otra docena de bolsas con objetos y materiales.

Múltiples contradicciones

Indagar en la vida personal de Javier Ledo es ir descubriendo sus contradicciones. El hombre aseguró esta semana en una entrevista que llevaba dos años sin conducir, al quedarse sin puntos del carné, pero en otra se ufanaba de haberse escaqueado de unos guardias civiles que le querían sorprender al volante. Sus cercanos saben que la verdad está en esta última parte, que el hombre nunca se apeó del vehículo para ir a trabajar o echar unos tragos.

Ledo, que mantiene su inocencia, también se ha esforzado en convencer a los agentes y periodistas que lo suyo con Paz era una amistad y nada más. Quienes les vieron juntos no lo entienden así. Hace semanas que la Guardia Civil dispone de una foto de ambos, reproducida ayer por este periódico, en la que se les ve besándose antes de ir a dormir juntos a la autocaravana, según los testigos de aquella noche de diciembre.

¿Hasta dónde llegan las incoherencias? Lo dirán las pruebas de laboratorio que se apuran antes de que mañana expire el plazo de 72 horas para que la instructora Marta Huerta Novoa decida si hay evidencias suficientes para enviar al sospechoso a prisión. De momento el juzgado de Luarca ya ha colocado vallas ante la entrada para disponer de espacio cuando llegue ese momento.

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