«No quiero volver a la cárcel, antes me pego un tiro», amenazó el ladrón que se disparó en la cabeza

Juan Carlos S. G., cuando fue detenido en 2011 tras un asalto a un hospital de Palencia. / EL NORTE DE CASTILLA
Juan Carlos S. G., cuando fue detenido en 2011 tras un asalto a un hospital de Palencia. / EL NORTE DE CASTILLA

Juan Carlos S. G., el delincuente fallecido, acababa de salir de la cárcel por un asalto con rehenes en un hospital de Palencia en 2011

O. SUÁREZ / L. RAMOS CANGAS DE ONÍS.

Fueron más de tres horas de negociación para intentar convencer a Juan Carlos S. G. de que dejase en libertad a las tres personas que tenía retenidas a mano armada. Tras verse acorralado por la Guardia Civil cuando intentaba huir al perpetrar un nuevo golpe -uno más en una trayectoria vital marcada por los atracos y los robos- optó por atrincherarse en la oficina bancaria.

En un primer momento amenazó con disparar contra los rehenes si no le dejaban huir. El negociador de la Benemérita, Ismael, le logró calmar y tras entregarle una teléfono móvil para mantener una comunicación directa, consiguió, pasadas las doce del mediodía, que dejase salir a las dos empleadas y al cliente que tenía retenidos.

«No quiero volver a la cárcel, antes me pego un tiro», dijo. Y así lo hizo. Juan Carlos S. G., de 59 años y natural de Miranda de Ebro (Burgos) acababa de salir de cumplir condena tras protagonizar un episodio similar al de ayer en Cangas de Onís. Fue en 2011 en un hospital de Palencia dedicado a la atención a grupos sociales desfavorecidos con graves deficiencias psicosociales. Actuó con dos compinches y mantuvo secuestrados a varios rehenes, también a mano armada. Fue arrestado poco después en Valladolid tras sufrir un accidente de circulación en una vertiginosa huida.

No era la primera vez que ingresaba en prisión. En su haber acumulaba un largo historial de antecedentes, principalmente por delitos contra el patrimonio y las personas perpetrados en Castilla y León. En Asturias no le consta ningún arresto.

«Mantener la calma»

«¿Qué se le dice a una persona que está atrincherada en un banco con un arma y varios rehenes?», le preguntaba EL COMERCIO hace un año y medio a Ismael, el negociador de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón que ayer contribuyó a la liberación de los tres rehenes. Su contestación era concisa: «Hay que mantener la calma y tranquilizar al denominado DASS: delincuente armado, secuestrador o suicida». Detrás de su intervención hay muchas horas de formación, trabajo y dedicación.

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