El crimen del concejal de Llanes Javier Ardines | Un sicario que vivía en un piso social

Un sicario que vivía en un piso social
Calle Fundación Jado, en Erandio, en la que se detuvo al presunto «intermediador». / EUROPA PRESS

La Guardia Civil cree que D. B, con pareja e hijos en Otxarkoaga, fue uno de los ejecutores y que el arrestado en Erandio era el «intermediador»

E. MOLANO / I. S. LUNA

La calle Fundación Jado, en el vizcaíno barrio de Altzaga de Erandio, a un minuto de la estación de metro, es la más animada de la localidad, donde la gente se reúne para alternar los fines de semana. En un segundo piso del número 5 -una vivienda de cerca de cien metros cuadrados en un edificio de un siglo de antigüedad y cinco plantas, muy cerca de la ría-, residía de alquiler desde hace aproximadamente un año J. M. B., un individuo de nacionalidad española y mediana edad. Es uno de los detenidos ayer por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil por su implicación en el homicidio del concejal de Llanes el pasado agosto. Los investigadores sospechan que fue él precisamente quien puso en contacto a Pedro Luis Nieva -el empresario de Amorebieta considerado autor intelectual del homicidio por celos- con los sicarios argelinos que supuestamente ejecutaron el asesinato. J. M. B. tiene dos hijos de unos veinte años y un perro, pero era desconocido en un barrio en el que casi todo el mundo se conoce.

En el momento del crimen, los dos argelinos -que los guardias civiles creen que fueron los que acabaron con la vida de Javier Ardines- residían en los barrios de Rekalde y Otxarkoaga, dos enclaves humildes de Bilbao. El primero está ahora arrestado en Suiza, mientras que el segundo, D. B., seguía en Otxarkoaga, justo en la zona de una de las salidas del metro recientemente construido en el barrio. Aquí se había forjado una vida familiar con una chica de allí «de toda la vida». En un quinto piso del número 21 de la calle Lozoño, propiedad de Viviendas Municipales -el organismo del Ayuntamiento de Bilbao que pone pisos públicos en alquiler social-, residía desde hace al menos ocho años con su mujer, según los vecinos, aunque esta entidad no quiso dar datos sobre el contrato por ser «información privada». Al parecer, es la pareja del arrestado la que resultó beneficiaria de la adjudicación del piso y el contrato sigue en vigor, sin que se hayan registrado impagos ni problemas de convivencia con otros residentes en el bloque.

La Ertzaintza acudió en alguna ocasión a la vivienda del argelino por las fuertes discusiones de la pareja

Ambos residían junto a la hija mayor de la mujer -que es fruto de una relación anterior durante la cual ella dejó de vivir temporalmente en Otxarkoaga-, y los otros dos hijos más pequeños que tenían en común. Llevaban «una vida normal». El presunto sicario solía ir a tomar café a los bares cercanos a su casa. Algunos vecinos reconocen que la Ertzaintza acudió alguna vez al domicilio por las fuertes discusiones de la pareja. Al parecer, se habían separado en alguna ocasión. El hombre tenía antecedentes policiales por resistencia a la autoridad, lesiones y robos. Los residentes apuntan que la familia recibía el apoyo de los servicios sociales municipales, y aseguraron que ninguno de ellos trabajaba.

«Vivían como reyes y los niños iban siempre bien guapos y bien vestidos», apuntaron. «Aquí 'curramos' cuatro. El resto viven de las asistentas», decía una vecina. El cartero y el dueño del bar al que iba aseguran que era «una buenísima persona, un tío majo y muy amable». Se da la circunstancia de que la mayor parte de los pisos de ese portal fueron en su día adquiridos por los vecinos al organismo Viviendas Municipales, excepto los dos situados en el quinto.

Seis horas de registro

También en Erandio, una decena de agentes irrumpieron antes de las seis de la madrugada en el domicilio del supuesto intermediador y amigo del empresario instigador, que fue detenido después de que rompieran la puerta con un ariete. El individuo fue introducido en el furgón policial con la cara cubierta. La operación se desarrolló allí con mayor rapidez. Sobre las diez de la mañana despejaron la calle.

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