«Nunca había visto una manifestación así»

«Nunca había visto una manifestación así»

Satisfacción general por la masiva participación en la manifestación de Alcoa

Cristina Del Río
CRISTINA DEL RÍOAvilés

«Alcoa no se cierra». El grito sonó ayer más alto que nunca porque fueron miles, decenas de miles, las gargantas que ayer en Avilés arroparon a los trabajadores de la aluminera, amenazados por el anuncio de cierre de la multinacional. Gente de casi toda Asturias (de Oviedo, Pola de Lena, Mieres, Gijón, entre otros) quiso estar en la Villa del Adelantado en defensa de la industria. Se confiaba en una manifestación exitosa, pero los registros desbordaron las mejores expectativas. «Hay una multitud. Yo nunca había visto una manifestación así», resumió un veterano militante de Comisiones Obreras a un camarada cuando a las 20.15 horas era imposible dar un paso más en la calle de La Cámara para ir hacia El Parche. Más que imposible, era temerario, por eso muchos padres con niños pequeños optaron por quedarse a unos cuantos metros de una Plaza de España abarrotada.

Entre los miles de asistentes se pudo ver a representantes políticos, vecinales, directivos de clubes deportivos, asociaciones culturales y sociales, pequeños empresarios (mucho comerciante) y hasta ecologistas como Fructuoso Pontigo o David Díaz, secretario del Grupo Ornitológico Mavea, David Díaz: «Una cosa es que exijas que cumplan la ley medioambiental y otro que quieras que cierre. Todo lo contrario».

Había también mucha gente anónima sin adscripción política o identificación de ningún tipo. Avilesinos preocupados por el devenir de la comarca que estuvieron allí por pura solidaridad y algo de sentimentalismo. Inmortalizando con sus móviles el momento, reproduciendo en directo en sus redes sociales el impactante apoyo social concentrado en las calles. «Estamos aquí porque es importante para Avilés. Hay, además, un poco de sentimiento porque mi padre trabajó en Endasa en la época en la que todos los padres trabajaban en Endasa o en Ensidesa», manifestaba la sexóloga y educadora, Ana Fernández. Un sentimiento parecido al expresado por Carlos Vigil, presidente de la Asociación de Donantes de Sangre, cuyo padre trabajó allí. «Me crié en el poblado y tengo muchos amigos en la fábrica. Pero no estoy aquí solo por eso. Entre todos tenemos que conseguir que se llegue a un acuerdo», reivindicó.

Los hermanos Maxi y Riki González Asprón, delegado en Avilés de la Federación Asturiana de Fútbol e impulsor del grupo de montaña Los Gallones, respectivamente, acudieron con familiares de Mieres que trabajan en la fábrica. «Nosotros estamos jubilados, pero lo vivimos de cerca. El cierre de Alcoa sería un caos para toda la ciudad», aseguraron.

Entre la multitud se colaron también otros trabajadores con problemas, como los intoxicados con mercurio en Asturiana de Zinc o la plantilla al completo del supermercado El Árbol de Llaranes. «Es interesante que nos defendamos unos a otros. Antes contactamos con el comité de empresa de Alcoa para saber si les parecía bien que estuviéramos aquí», explicó Alicia Nuevo, representante sindical en el antiguo economato de Llaranes. Además, la empresa decidió cerrar para facilitar la asistencia a la manifestación.

Un gesto que repitió todo el pequeño comercio del centro de Avilés, al igual que en 2014. «Ponlo ahí, que aquí estamos los pequeños comerciantes, que somos los que siempre apoyamos el tejido empresarial de la comarca. No veo a nadie de Amazon aquí», señaló la propietaria de una tienda. Todos los negocios de la calle de La Cámara cerraron, al menos todos desde la Plaza de la Merced hasta el Ayuntamiento. Al igual que el de las calles aledañas, salvo alguna multinacional textil cuyas tiendas permanecieron abiertas y con clientes. Mismo panorama que en algunas cafeterías que 'no pudieron' apagar las luces. «No voy a echar a los clientes...», se justificaban. Estuvieran llenas antes y después, aunque durante el recorrido de la manifestación un poco menos.

Participación en aumento

Excepciones que no fueron representativas del sentir general. La manifestación fue creciendo conforme avanzaba porque a ella se iban juntando aquellos que acababan de salir de trabajar, los que detestan las multitudes y algún lesionado, como la entrenadora de baloncesto Yolanda Mijares, que esperó con su familia en un banco de la calle de La Cámara para unirse. «Que Alcoa cierre sería un desastre para todo Avilés por todo lo que significa y lo que generan cuatrocientas familias. No solo es el dinero puro y duro, también su repercusión en la escuela y la sociedad», valoraba. De hecho, familias de alumnos de colegios como el de Sabugo caminaron junto al resto de manifestantes «para defender lo nuestro y la vida de todo el mundo».

Era el sentir general, el escalofrío que movió ayer a decenas de miles de personas a gritar unidos «Alcoa no se cierra» porque el temor subyacente de todos los avilesinos es que después de la multinacional estadounidense «vaya la del indio».

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