La venta por separado de las plantas de Alcoa allana la búsqueda de un inversor para Avilés

Un operario trabaja junto al horno de reciclado de la planta avilesina de Alcoa. / E. C.
Un operario trabaja junto al horno de reciclado de la planta avilesina de Alcoa. / E. C.

El acceso directo al puerto y el horno de reciclado, que produce 50.000 toneladas de aluminio, favorecen a la factoría asturiana

LAURA CASTRO

La decisión del Gobierno de dejar en manos del Principado y la Xunta la búsqueda de inversores para las plantas de Alcoa y limitarse a «tutelar» -como dijo la ministra Reyes Maroto esta semana en la comisión de Industria- el proceso ha abierto la puerta a la venta por separado de las factorías de Avilés y La Coruña. El giro del Ejecutivo central allanaría la llegada de posibles compradores, que a finales del año pasado se habían mostrado interesados en adquirir únicamente una de las dos fábricas.

A pesar de que ambas plantas son muy parecidas -los trabajadores las llaman «gemelas»-, lo cierto es que existen algunas diferencias entre ellas. Y son, principalmente, dos: sus variantes productivas y la logística. En 2001 la multinacional puso un marcha un proyecto en la factoría asturiana para generar tochos de aluminio a base de chatarra con un horno de reciclado. Inició la producción al año siguiente y desde entonces ha funcionado con total regularidad.

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El sistema «usa únicamente un 4,5% de la energía» que suele necesitarse con las cubas de electrólisis, según detalló por aquel entonces la propia compañía. El horno, por lo tanto, es muy eficiente, pues llega a producir unas 50.000 toneladas anuales de tochos, la misma cantidad que se obtendría con la serie de electrólisis número 2, pero con un 95,5% menos de consumo eléctrico.

Además de elevar la capacidad productiva de la planta, cuyo récord se batió en 2006 con 145.000 toneladas -30.000 más que la de La Coruña- cuando las instalaciones estaban a pleno rendimiento, el horno «está dotado de un sistema para limitar las emisiones que puedan salir a la atmósfera», explicó en 2001 Alcoa. Esta característica, crucial en un momento en el que la industria española y europea tiene una larga lista de deberes pendientes con el medioambiente, respondía al objetivo que se marcó ya en aquel año la compañía para «eliminar todos los desperdicios y conseguir un aire más limpio, un mejor uso del agua y de la tierra».

Asimismo, la planta de San Balandrán es una de las más eficientes del grupo Alcoa en Europa, según el informe de mantenimiento de la compañía de junio de 2018. En la evaluación se analiza el mantenimiento productivo -eliminación de pérdidas por problemas en el proceso de fabricación- y el predictivo -las técnicas usadas para detectar posibles fallos-. Los resultados de ambos, aseguró a este diario el pasado mes de noviembre un responsable de mantenimiento de la factoría, «están muy por encima de la media del grupo». Los costes también arrojaronn datos positivos, según esta misma fuente, pues «son de los más bajos de Europa».

La logística también es una importante baza para la factoría asturiana. Tiene un muelle propio, justo en frente de la factoría, para cargar la alúmina que llega en barco desde San Ciprián. Además, tiene otro espacio asignado en la ría de Avilés para transportar el producto final.

La planta de La Coruña, en cambio, no dispone de un muelle propio. En 2016, casualmente en medio de la operación de intento de venta de las plantas de Alcoa en España, la factoría gallega solicitó una concesión en el puerto exterior coruñés. El objetivo era trasladar sus tráficos de alúmina y cok del viejo muelle urbano de la ciudad a Punta Langosteira, a algo más de 8 kilómetros de la factoría. Estaba previsto que el traslado se llevara a cabo a finales de ese mismo año, pero no fue así. De hecho, la petición ha ido alargándose en el tiempo hasta convertirse ya en un tradicional reclamo de la planta gallega. Tampoco este año lograron ese espacio en el puerto exterior, pues el pasado mes de septiembre la planta anunció que, presumiblemente, hasta mediados de este año no podrían iniciar los desembarcos de alúmina en Punta Langosteira.

Por otra parte, aunque ambas factorías tienen torres para producir la pasta de cok para los ánodos -electrodos positivos- de las cubas de electrólisis propias de cada planta, la coruñesa fabrica también para vender a otros clientes que no están necesariamente relacionados con la industria aluminera. Es el caso de Ferroatlántica, productora de ferroaleaciones y silicio metal.

Los posibles interesados

Aunque ni el Gobierno central ni los autonómicos han querido dar pistas sobre quienes son los inversores interesados en las plantas, en la quiniela destacan varios nombres. Entre los posibles compradores destacan dos nombres, muy sonados durante los amagos de cierre anteriores de Alcoa: Alibérico y Aludium. Ambos habrían mostrado interés ya en 2016 por las factorías de Avilés y La Coruña, pero la creciente necesidad de modernizarlas y la ausencia de un precio de la energía competitivo frustraron el intento de compra.

Ahora, en plena búsqueda de inversores para estas dos plantas, a punto de concretarse el estatuto para las electrointensivas que mejoraría el problema del coste eléctrico y a sabiendas de que el Ejecutivo central dará prioridad a los empresarios nacionales, el grupo Alibérico, del gallego Clemente González Soler, vuelve a entrar en la lista de posibles. No obstante, anunció el pasado año que en sus nuevas inversiones no figuraba ninguna adquisión. Por su parte, el productor Aludium, propiedad del fondo estadounidense Atlas Capital y comprador de las plantas que Alcoa dejó en Amorebieta, Alicante y Castelsarrasin (Francia), trabaja ya desde el 2014 en incrementar su producción más de un 30%, lo que le situaría como un inversor más probable.

Glencore, la multinacional propietaria de Asturiana de Zinc -que tiene en torno a un millar de trabajadores y está ubicada a unos 10 kilómetros de la planta avilesina de Alcoa-, es otro de los nombres que sale a relucir entre los candidatos a inversor para las plantas de Asturias y Galicia, pues controla el 38% del mercado mundial de alúmina -materia prima para la fabricación de aluminio-.

El grupo LibertyHouse es otro de los que se postulan entre los más probables. En su salto a Europa se está haciendo con gran número de factorías, entre ellas las seis de las que se tiene que desprender Arcelor para que la UE aprobara la compra de Ilva. Pero, además, tiene intereses en el sector del aluminio. El pasado mes de diciembre completó la compra -por unos 440 millones de dólares- de la aluminera de Dunkerque, la más grande de Europa y propiedad de Rio Tinto. El objetivo ahora pasa por poner en marcha un programa de inversión en la planta.

La comercializadora de metales suiza Siders Alloy también podría ser otra de las interesadas, pues se hizo cargo de la factoría que Alcoa cerró en Protovesme, en Cerdeña, en 2012. A principios de enero de este año firmó un acuerdo con el mayor productor de aluminio de China -principal competidor de Europa-, para modernizar las cubas de electrólisis de las plantas, invertir 135 millones y contratar a unos 500 trabajadores, según informó el diario italiano 'Il Sole 24 Ore'.

Por otro lado, si bien en un primer momento el Grupo Daniel Alonso sonó también entre los posibles interesados en la planta avilesina de Alcoa, su consejero delegado, Orlando Alonso, aseguró esta semana que «no se ha establecido contacto» en este sentido.

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