Kamikaze de la A-8 | La extrema velocidad del kamikaze frustró el dispositivo de la Guardia Civil

Un guardia civil, en el lugar en el que el kamikaze chocó contra otro vehículo al filo de la medianoche del lunes. / JOAQUÍN PAÑEDA

El primer coche patrulla que salió a su encuentro llegó al lugar del siniestro segundos después de que tuviera lugar el choque

PABLO SUÁREZGIJÓN.

Fue cuestión de segundos. El coche patrulla que circulaba al encuentro del kamikaze que en la medianoche del lunes sembró el pánico en la autovía del Cantábrico lo alcanzó justo en el momento en el que se produjo el primer impacto, el que provocó heridas graves a un empresario avilesino y a su mujer. La elevada velocidad a la que Juan Manuel Fernández, que falleció en el acto a causa del brutal impacto, trazó el recorrido impidió a la Guardia Civil de Tráfico neutralizar el siniestro, una opción que no es ninguna quimera, pese a que este tipo de casos suelen ir acompañados de un tiempo de reacción prácticamente nulo. De hecho, el instituto armado dispone de un dispositivo especial para este tipo de situaciones en las que la prioridad es minimizar las consecuencias de un más que posible impacto del vehículo que va en sentido contrario.

En este caso, el Centro Operativo de Tráfico de la Guardia Civil recibió la notificación sobre la presencia de un kamikaze hacia las 23:40 horas, unos diez minutos antes de que se produjera el primer impacto. En ese momento, y con el tiempo jugando en su contra, se movilizó a todas las patrullas con posibilidades de dar alcance al turismo que circulbaa en dirección contraria por la A-8. La estrategia está definida, pero la velocidad a la que circulaba el kamikaze imposibilitó a los agentes llegar a tiempo de evitar el choque. Los que más cerca se quedaron de neutralizar las intenciones del kamikaze fueron unos guardias civiles de Oviedo, que no dieron alcance al turismo -que circuló en sentido contrario desde el concejo de Valdés hasta el de Gijón por la autovía del Cantábrico- por unos pocos metros.

A partir de ese momento, la labor de los agentes se centró en ayudar en lo posible a los servicios de emergencia e iniciar una investigación que clarifique las causas y motivaciones del siniestro. El cuerpo del kamikaze fue llevado al Instituto de Medicina Legal, en Oviedo, donde se le realizó la autopsia y se tomaron varias muestras que fueron enviadas al Instituto de Toxicología. Es ahí donde se realizaron los análisis para determinar si el fallecido podría haber conducido bajo los efectos del alcohol o de las drogas. Los resultados llegarán a Asturias en los próximos días.

Vía judicial

La fiscal superior del Principado de Asturias, Esther Fernández, explicaba, por otra parte, que al haber fallecido el responsable del siniestro, penalmente se produce una extinción de la responsabilidad, por lo que las víctimas de lo ocurrido solo podrán proceder a nivel judicial por vía civil contra los herederos. A la hora de evitar que un kamikaze impacte contra otros conductores, la Guardia Civil maneja varios tipos de medidas. El primer paso es movilizar a todas las patrullas con posibilidades reales de alcanzar al turismo sospechoso e intentar cortar el tráfico. Si el kamikaze circula a una velocidad razonable, los agentes se posicionan de forma paralela, aunque desde el carril correcto, y realizan todo tipo de señales para intentar que este detenga su marcha. Sin embargo, en casos como el del pasado lunes, con el conductor a casi 200 por hora, el dispositivo cambia. En el escenario más favorable, dos patrullas irían a 'enfrentarse' con el turismo que circula en dirección contraria. Lo harían cruzando sus vehículos, de forma que el kamikaze se viera obligado a sortear los coches y, por lo tanto, a modificar su trayectoria.

Otra posibilidad es cortar el tráfico y crear una barrera con los vehículos afectados una vez sus ocupantes estén en una zona segura, bien a un lado de la carretera o unos metros detrás de la contención. En ese caso, un agente se encarga de alertar a los vehículos que van llegando a la zona para evitar posibles alcances. Otro avanza unos metros y coloca su coche en el carril derecho, tras lo que se baja e intenta hacer ver al kamikaze que debe detenerse. Si el impacto es inevitable, este se produciría contra la barrera de vehículos.

Los únicas dos acciones que prohíbe terminantemente el protocolo son disparar al vehículo del kamikaze y circular tras él, algo que supondría originar un segundo peligro.

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