Kamikaze A-8 | «Pensamos en la suerte que tuvimos, podríamos no haberlo contado»

José Luis Vigil, empresario avilesino herido en el accidente. / E. C.

José Luis Vigil, víctima del accidente, asegura que «no lo vimos hasta que notamos un estruendo enorme y nos desorientamos»

ALEJANDRO L. JAMBRINAAVILÉS.

«Fue un susto terrible porque de repente se rompieron todos los cristales, incluso el del techo, que se nos cayó encima, y saltaron los seis airbags del coche», aseguraba ayer el empresario avilesino José Luis Vigil, el herido más grave del accidente provocado por el kamikaze.

Vigil, dueño y fundador de la marca de ropa deportiva Joluvi, continúa ingresado en el Hospital San Agustín de Avilés, sufre múltiples traumatismos y tiene varios huesos rotos, como la tibia y el peroné.

El kamikaze les pilló a él y a su mujer «por sorpresa». «No vimos absolutamente nada». Según relataba desde el hospital, «hacía varios kilómetros que no llevábamos a nadie delante y al ocurrir justo en la intersección con la incorporación de Gijón, yo iba más pendiente de mirar que no se metiese un coche por el lateral que de mirar al frente», explicó. Lo que menos se esperaba era «que fuera a llegar un vehículo de frente por la autopista, así que no lo vimos en ningún momento hasta que notamos un estruendo enorme y nos desorientamos». Además, Vigil destaca que «era de noche y el coche era negro, lo que tampoco ayudaba»

«Estamos muy agradecidos por todo el apoyo que hemos recibido estos dos días»

Junto a él iba su mujer, Charo Piñera, que también resultó herida a consecuencia de la brutal colisión, a la altura de Serín. Tiene varias costillas rotas y está en observación en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en Oviedo para asegurarse de que no sufre un neumotorax. El empresario relató que fue su mujer la que consiguió abrir la puerta, bajar del coche y llamar a los servicios de emergencias en el momento, «a pesar del susto que teníamos los dos». Él tuvo que ser excarcelado por los efectivos de Bomberos. Se llegaron a registrar 62 llamadas de emergencia alertando de la presencia del kamikaze.

El impacto fue muy fuerte. «Nosotros iríamos a noventa, pero el otro conductor nos golpeó a doscientos kilómetros por hora». Ahora José Luis Vigil y su mujer solo pueden pensar «en la suerte que tuvimos, porque teniendo en cuenta como fue el golpe podría haber sido mucho peor y no haberlo contado, tuvimos suerte de que nuestro coche aguantó bien el impacto». No así el del kamikaze, que falleció en el acto.

Desde que se supo que Vigil y su esposa eran unas de las víctimas del kamikaze, las muestras de cariño no han dejado de sucederse. «En ese sentido estamos muy agradecidos por toda la repercusión que ha tenido en los medios de comunicación y el apoyo que hemos recibido. Incluso nos llamaron de la selección nacional de hockey sobre patines, cuyo equipo femenino se acababa de proclamar campeón del mundo el mismo día del accidente».

«Ahora estamos muy cansados y a la espera de poder recuperarnos y que nos den el alta», añadía Vigil.

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