«Míchel y Ana María tenían una relación conflictiva», recuerda el entorno de la víctima

Ana María García Hevia y Miguel Ángel Suárez Menédez. /
Ana María García Hevia y Miguel Ángel Suárez Menédez.

La pareja era conocida su presencia habitual en las sidrerías de Lugo de Llanera

CECILIA PÉREZ y M. ALONSO

Miguel Ángel Suárez Menéndez, el hombre mortalmente apuñalado presuntamente por su pareja esta madrugada en Lugones, era vecino del barrio del Regueral, en Lugo de Llanera. Conocido en la zona como 'Míchel', trabajaba como mecánico en el apeadero de la Renfe de Lugo de Llanera.

Además de su trabajo, en la localidad le conocían por frecuentar algunas de las sidrerías de la zona, en muchos casos con su actual pareja y presunta asesina Ana María García Hevia. Pero también le recordaban por la tensa relación que mantenía con ésta. José Manuel Álvarez vive en el 1ºA, justo debajo de Míchel, en el número 17 de la Calle Covadonga. «Él fue malo para él mismo. Por muchos consejos que se le diera, siempre acababa en relaciones conflictivas», recuerda su vecino. «Él era un gran chaval, pero cuando bebía se creía el rey del mundo. El mayor problema que tuvo fue separarse de su mujer que era quien lo controlaba. A partir de ahí comenzó a juntarse con malas compañías, entre ellas Ana María», asegura José Manuel Álvarez.

Era una relación conflictiva y buena cuenta de ello da un episodio que mantuvieron en un bar Laparra, de Lugo de Llanera, en la misma calle Covadonga, donde solía parar la víctima. Su camarera, Tatiana A., cuenta a EL COMERCIO, cómo en una ocasión la pareja protagonizó un incidente en el local. Míchel, estaba bastante bebido y, en un momento dado, se desplomó al suelo. En ese momento, recuerda Tatiana, su presunta asesina, en lugar de socorrerlo, comenzó a sacarle llaves y la cartera. La empleada del local le llamó la atención para que se ocupara de él. Por su parte, Ana María le contestó que lo que querían era «seguir emborrachándose». A partir de entonces comenzó una trifulca y la camarera optó por echarla del local y prohibirle que volviera entrar al bar.

En la parrilla El Regueral, donde solía parar Miguel Ángel con su pareja, una de las camareras, Sofía Reguera, recuerda que le llamaba la atención la cara de Ana María. «Parecía que tenía algún problema», asegura. Les consta que se relacionaba con gente problemática. En una ocasión fueron a cenar al local la víctima, su asesina y los padres de ésta.

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