Muere Vicente Álvarez Areces, el socialista incombustible

EFE

El senador, expresidente regional y exalcalde de Gijón muere en su casa a los 75 años. Transitó entre la vida municipal y la regional durante dos décadas marcadas por el impulso transformador, al que no renunció en su última etapa en Madrid. Será despedido hoy en la Junta General y en Gijón

ANDRÉS SUÁREZ OVIEDO.

No tiene el Senado buena fama en los tiempos políticos que corren, señalado por algunos como un 'cementerio de elefantes' en el que cargos de largo recorrido ponen el punto y final a su dilatada trayectoria. La opinión es tan válida o cuestionable como cualquier otra, pero no encaja en modo alguno en la forma en que Vicente Álvarez Areces afrontó la última etapa de su vida pública. Aun asumiendo lo infructuoso e ingrato de su trabajo, en tiempos de holgadas mayorías del PP que reducían a la nada la acción opositora del PSOE, era habitual ver a Areces recorriendo pasillos y despachos cargado de documentos intentando buscar apoyos para activar tal o cual iniciativa. «Un político incombustible», tal y como le definía ayer un veterano socialista, «cuya acción transformadora presidió todos sus años de responsabilidades políticas». Vicente Álvarez Areces, exalcalde de Gijón y expresidente del Principado, falleció en la madrugada del miércoles al jueves en su domicilio víctima de un derrame cerebral, provocando una enorme sensación de orfandad en un incrédulo PSOE asturiano.

Porque nadie se esperaba algo así. Nadie. El propio Areces, Tini en el ideario común de la política asturiana, solía bromear con lo privilegiado de su herencia genética -fruto de una madre centenaria para la que siempre tenía una palabra de afecto- cada vez que se le preguntaba por sus aspiraciones de futuro, por las inquietudes que sus hipotéticas opciones de ocupar uno u otro cargo despertaban entre algunos de los suyos y también entre sus adversarios. Por eso, y porque entre los socialistas solía decirse con cariño que los años no pasaban por él, que las diferencias en su aspecto al dejar unas responsabilidades y asumir otras eran escasamente perceptibles, nadie pensaba que algo así fuera a suceder. «Tal pareciera que Tini fuera a ser inmortal. Pero no, nadie lo es», admitía, emocionada, una dirigente que compartió con Areces más de una batalla en la arena política.

Los actos de despedida

9 horas:
Capilla ardiente en la Junta General del Principado hasta las 11.
12 horas:
La capilla ardiente se trasladará al salón de recepciones del Ayuntamiento deGijón, donde permanecerá abierta hasta las 19 horas.
Domingo:
Se realizará un acto público de despedida a las 12 horas en el Teatro de la Laboral.

Areces falleció en su domicilio de Gijón sin haber dado muestras en los días previos de encontrarse mal, y sin que la atención de los servicios médicos que se desplazaron de urgencia pudiese hacer nada por salvarle la vida. En el ideario de compañeros y rivales todavía resonaban los ecos de su reciente comparecencia en una comisión de la Junta en la que se batió el cobre con algunos de sus adversarios y que protagonizó, por su vehemencia en la defensa de su gestión, páginas en los diarios y minutos en los informativos. De ahí que la sorpresa de ayer, entre compañeros y rivales, fuera colosal.

El calado de la figura de Areces puede medirse a la luz de los elogios recibidos. No tanto porque estos hayan llegado, porque las loas son habituales en los momentos de la despedida, como por el volumen y la trascendencia de los mismos. Ocupa hoy Asturias un claro segundo plano en el escalafón de la política nacional, pero el fallecimiento de Tini concitó la valoración cálida y unánime de los principales dirigentes estatales y regionales, de unos y otros partidos. Más allá de las evidentes diferencias de criterio y opinión, hubo un reconocimiento a la labor del dirigente socialista durante una larga trayectoria de la que casi unánimemente se destaca su «impulso transformador», en Gijón y en Asturias.

El recorrido vital de Areces, nacido en Gijón un 4 de agosto de 1943, apuntó desde bien pronto hacia la política. Los movimientos estudiantiles de los años 60 eran proclives al activismo y Tini fue especialmente combativo durante su paso por Santiago de Compostela, donde estudió Matemáticas y donde en 1968 se produjeron unas agitadas revueltas. En aquellos episodios Areces fue multado y detenido, y se le prohibió acceder al recinto universitario. En más de una ocasión se le ha escuchado contar, entre risas, cómo se sometió a un examen en el bar de la facultad.

El recorrido político de Areces tomó vuelo en el PCE, en el que asumió responsabilidades y que abandonó en aquella histórica asamblea de Perlora, pero adquirió verdadera trascendencia en el PSOE, partido al que consagró el grueso de su vida. Un camino con responsabilidades iniciales en el ámbito educativo, bajo la batuta de Felipe González y de José María Maravall, que luego se ensanchó en gran medida cuando ganó en unas primarias al entonces alcalde de Gijón, José Manuel Palacio, y se convirtió en aspirante del PSOE al ayuntamiento de la ciudad. Venció aquellas elecciones y gobernó los destinos de la ciudad durante tres mandatos.

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Existe una coincidencia bastante amplia respecto de la modernización que experimentó Gijón en el mandato de Areces. La apertura de la ciudad al mar con la renovación de sus fachadas costeras, el desarrollo urbanístico, la incorporación a la rueda de los grandes acontecimientos culturales... Su gestión fue la perfecta pista de despegue para el siguiente punto de aterrizaje de su carrera política: la Presidencia del Principado.

Llegados a ese punto, y aunque su relación con el todopoderoso 'guerrismo' encarnado en Asturias en el SOMA y José Ángel Fernández Villa era de todo menos cercana, Areces se erigió en la opción más solvente para devolver el gobierno regional al PSOE ante una derecha enfrascada en una crudísima guerra interna. Lo hizo con contundencia, cosechando la última mayoría absoluta de que un presidente ha disfrutado en el Principado. Sería la primera de tres legislaturas ocupando el despacho presidencial de la ovetense calle de Suárez de la Riva, aunque los inicios estuvieron marcados por las dificultades internas. La gran crisis entre los 'guerristas', con el SOMA al frente, y los 'renovadores', los 'arecistas', estalló al hilo de la ley de cajas que abrió una grieta colosal en la nave del socialismo asturiano.

Una pugna que tuvo continuidad, ya en clave orgánica, en el congreso de 2000 en el que Javier Fernández se impuso al candidato 'arecista', Álvaro Álvarez. Fue aquel un punto de inflexión porque el cónclave representó el inicio de una etapa de pacificación en el PSOE durante el que Areces y Fernández gestionaron con discreción sus diferencias. Fue el comienzo de una bicefalia que se prolongó hasta 2011 y durante la cual los socialistas, con Tini como cabeza de cartel, cosecharon otros dos triunfos en las urnas. Sin mayorías absolutas, eso sí, lo que obligó a acuerdos con Izquierda Unida para sacar adelante las legislaturas.

El 'arecismo' dejó en Asturias el impulso de la educación y la sanidad públicas o el avance de infraestructuras vertebradoras de la comunidad. Hubo obras pequeñas (escuelas, centros de salud, carreteras... y también proyectos de mayor calado, como el HUCA, la ampliación de El Musel, el centro Niemeyer o la recuperación de la Laboral). Para los defensores del presidente, obras clave para el futuro del Principado. Para sus detractores, actuaciones faraónicas e innecesarias que arrastran un gasto público insostenible. Cuestión de opinión.

Los cantos de sirena que ya en 2007 emplazaban a Javier Fernández a salir de la sede socialista de Santa Teresa y optar a la Presidencia del Principado no se materializaron entonces pero sí en 2011. Entonces se ejecutó un 'cambio tranquilo' y sin grandes estridencias, al menos en el plano público, con Tini tomando el camino del Senado, donde ha ejercicio sus responsabilidades hasta ahora, y Fernández saltando a la arena electoral, que no le facilitó el acceso al Ejecutivo regional hasta los comicios anticipados de 2012, después de que apenas un año antes triunfara Francisco Álvarez-Cascos.

Fue Fernández, de hecho, quien tiempo más tarde devolvió a Tini al primer plano de la política cuando, en su etapa como presidente de la gestora del PSOE que puso fin a la primera época de Pedro Sánchez, le nombró portavoz en el Senado. Aunque discreto, Areces no ocultaba su disconformidad con la evolución del 'sanchismo'.

Batallador en el Senado, incluso cuando Sánchez volvió a ganar y dejó la portavocía, los últimos años tuvieron un sabor agridulce para Areces, sobre todo después de que estallase el escándalo del 'caso Renedo' que situó en el ojo del huracán a uno de sus afines, el exconsejero de Educación José Luis Iglesias Riopedre, que resultó condenado. El expresidente, directamente señalado por los grupos de la oposición, defendió siempre la limpieza de su actuación y la de su Gobierno, también cuando fue cuestionado por otros asuntos polémicos como la ampliación de El Musel o el 'caso Villa', ambos con derivadas judiciales.

Los rescoldos de las discrepancias se apagaron ayer, una vez trascendió el fallecimiento del político gijonés, despedido con honores durante toda la jornada y cuya capilla ardiente quedó instalada en la Junta General. Se va, anotaba ayer, visiblemente compungido, un compañero, un «transformador de Asturias».

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