«Desde joven adquirí compromiso político con la única aspiración de combatir la dictadura»

Vicente Álvarez Areces, en su despacho de presidente del Principado en septiembre de 2009. :: ÁLEX PIÑA

Un repaso a sus entrevistas permite conocer las diferentes motivaciones que guiaron su vida

JOSÉ L. GONZÁLEZ GIJÓN.

«Mi compromiso político no nace de repente, se va configurando a lo largo de toda una vida». Con estas palabras trataba de explicar Vicente Álvarez Areces el inicio de una andadura de seis décadas que le llevó a ocupar puestos de responsabilidad en el Partido Comunista de España, la alcaldía de Gijón, la presidencia del Principado y un asiento como senador. Sesenta años que comenzaron como un acto de pura rebeldía contra el régimen de Franco, con apenas 17 años, al calor de un movimiento contestatario que ya emergía por diferentes puntos de España y que era duramente reprimido. «La política en los años sesenta era la de la lucha por las libertades contra una dictadura que asfixiaba. Las motivaciones políticas nacían de una rebelión ante lo que estabas viendo en la que asumías riesgos. Lo que hoy se considera normal, en aquel momento era jugarte años de cárcel». La reflexión, el recuerdo, la hizo ante las cámaras de TVE el pasado mes de octubre, en una entrevista en la que realizó un repaso, somero, a una trayectoria vital y política inabarcable en una sola entrega. Esta entrevista es solo una de las muchas, muchísimas, que concedió a lo largo de su carrera y que, a su muerte, permiten recorrer el ideario y las motivaciones de una persona que pronto tuvo claro cuáles debían ser sus objetivos. «Desde mi juventud adquirí un compromiso político y no tenía entonces ninguna aspiración más allá de combatir el franquismo», señaló a EL COMERCIO en Julio de 2010, días después de anunciar que no optaría de nuevo a ser presidente del Principado.

Hijo de «un matrimonio normal, una maestra y un guardia civil, dos funcionarios modestos», a los 17 años ya estaba metido en política. «Estudié Perito Industrial. Empecé esos estudios con vocación de continuar. Acabé a los 21 años y me fui a Santiago de Compostela para seguir con Matemáticas».

Este periplo le puso en contacto con los movimientos que peleaban contra el franquismo, en los que se metió de lleno. «En aquella época, los años 60, los espacios de libertad iban conquistándose poco a poco. Al tiempo, estaba vinculado a la docencia. Daba clases gratuitas mientras estudiaba Peritos a los que estudiaban por libre».

Luego llegarían momentos más duros, con su cargo en el comité central del PCE y sucesos como los de Ferrol, donde el régimen reprimió una manifestación por un nuevo convenio para los astilleros de Bazán con fuego real, matando a dos trabajadores. «Me detuvieron unos días después en Santiago y me golpearon durante tres días. Era mi tercera estancia en la cárcel y nos juntamos cinco hijos de guardias civiles. Pedí al forense que hiciera un informe con las lesiones y en el juicio retiraron las acusaciones de todos los cargos por malos tratos (...) Mi ficha policial del franquismo decía que era un agitador de masas y un activista; tampoco está tan mal».

La Transición

La legalización de PCE, «que hubo que forzar presentándonos públicamente en Roma, porque no estaba prevista», el debate en el seno del partido para «insertarse en la democracia», que provocó «que a algunos los expulsaran y que otros se fueran», los esfuerzos y las renuncias para sumarse a las elecciones democráticas. Negociaciones, empeños y cesiones que llevaron a Areces en los últimos años a reivindicar el periodo de la Transición y, con él, a todos los que tomaron parte del mismo. «Los que participamos en el itinerario de conseguir las libertades nos sentimos muy orgullosos. La Transición ha sido reconocida fuera de España como un hecho enormemente positivo para el país. En los últimos años ha habido partidos que han tratado de deformarla, diciendo que fue un pacto de élites y eso es desvirtuar uno de los hechos históricos más significativos de la historia de España. La Transición fue un proceso que arrancó de una reconciliación nacional», declaraba el pasado mes de octubre.

Junto a la política, la ciencia. «La ciencia y la política fueron mis pasiones a lo largo de mi vida. La política tiene, al menos en aquella época, una racionalidad de contenidos científicos. Es el análisis del mundo y de cómo intervenir ante lo que está sucediendo».

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A mediados de los ochenta, desvinculado ya del PCE, el PSOE le ofrece optar a la alcaldía de Gijón. «Participé en unas primarias ante José Manuel Palacio que gané por muy poco. Debieron ser de las primeras que se hacían y participó mucha gente, unas mil personas».

Quien se acerque hoy a Gijón por primera vez difícilmente podría creer el escenario al que se enfrentaba Areces en 1987. «Optar a la alcadía de Gijón era un gran reto; una sociedad en crisis, convulsionada y en conflicto. Coincidían las crisis del acero, del carbón, del naval, del textil... Conseguimos levantarla, transformarla, asumir nuevos papeles en el municipalismo». Fueron doce años de trabajo para cambiar de arriba abajo una ciudad, la suya, en la que pudo darse el gusto de entregar a su padre un diploma de homenaje como guardia civil más veterano. «Decidieron instaurar ese galardón y yo estaba como alcalde. Mi padre ya estaba muy mayor y fui yo quien se lo entregué. Le dije que, después de tantos disgustos como le había dado, ahora podía darle esta alegría. Lo tenía colgado en su habitación».

Suárez de la Riva

De la plaza Mayor de Gijón a Suárez de la Riva, en Oviedo. Areces iniciaba en 1999 la primera de las tres legislaturas que estaría al frente del Gobierno regional y lo hacía con problemas en su partido. «En 1999 había una relación con (José Ángel Fernández) Villa no muy de sintonía y eso generó problemas y discrepancias», reconocía el pasado mes de octubre.

Álvarez Areces se ponía al frente de un territorio que había sido «la región europea en la que se dieron todas las crisis juntas: el carbón, el acero, el sector primario... y todas confluyeron en un territorio de 10.000 kilómetros cuadrados». Se comprometió con proyectos heredados, apostó una vez más por el diálogo para sacar adelante su programa y puso en marcha centenares de actuaciones, no siempre con el mismo acierto. «No tiene que haber líneas rojas, hay que dialogar con todo el mundo». Su empeño en sacar adelante proyectos criticados, como la ampliación de El Musel o la construcción del nuevo HUCA, quedó patente a lo largo de los doce años que estuvo al frente del ejecutivo regional. «El Musel se terminará, sea con fondos de la UE o del Estado», sentenció en una entrevista con EL COMERCIO en septiembre de 2008, cuando la crisis económica aún no había hecho estragos.

Los destrozos del colapso del sistema financiero no tardarían en llegar a Asturias y, con él, los problemas laborales, los recortes y los ajustes después de una época de vacas gordas en la que había dinero para todo. «Asturias entró después que otras regiones y va a salir de la crisis en condiciones distintas de lo que lo hizo en etapas pasadas de reconversiones (...) Sin los empresarios no hay salida a la crisis. Son las empresas las que generan actividad económica. Los trabajadores, por su parte, deben asumir renuncias cuando se detectan problemas reales en las empresas», declaró a este periódico en marzo de 2009.

El Senado

Eran sus últimos años al frente del Gobierno regional, que darían paso a su etapa como senador. Antes, días después de anunciar que no optaría a la reelección, en 2010, hizo balance en estas páginas de su trayectoria. «Cuando llegué al ejecutivo nunca eché la culpa a otras personas (...) En la vida política se hace lo que se puede dentro de unas ideas. No siempre logras el cien por cien».

Muchos pensaron que el viaje de Álvarez Areces a Madrid era un retiro dorado de cuatro años que daría paso a una plácida jubilación. No fue así. El joven que a los 17 años se metió en política siguió hasta su muerte en primera línea.

En el año 2016, con las elecciones a la vuelta de la esquina, Areces acudió a La Lupa para protagonizar una entrevista en la que fijó su punto de mira en Podemos, su gran rival político entonces. Durante su intervención tuvo tiempo de recordar que «durante la democracia, nunca he tenido ningún problema con la justicia, ninguno. Y he estado doce años en la alcadía de Gijón y otros doce en el Principado. En la dictadura sí he tenido problemas por luchar por la libertad, el respeto a las personas y el reconocimiento a este país».

Alejado ya de tareas ejecutivas, Areces dejó en los últimos años reflexiones con mucho poso en las que mostraba su idea de hacia dónde debía navegar España. «Estamos en un país que necesita consolidar todo lo que hicimos en la Constitución del 78 perfeccionándola, reformándola y buscando soluciones de futuro».

Tampoco fue ajeno Areces a las nuevas formas de comunicación política, advirtiendo de lo que entendía como riesgos para la ciudadanía. «Los ciudadanos no deben dejarse llevar solo por los mensajes emocionales. El deseo de la gente de que la política mejore sus vidas es fundamental».

Vicente Álvarez Areces fue en definitiva lo que muchos definen como un «animal político», una persona volcada con la transformación social, una pasión que llevó hasta sus últimos días. «En toda mi vida he sido una persona muy coherente y nunca he tenido rencor hacia nadie, siempre he mirado al futuro. Me quedarán proyectos en el tintero, pero en política se hace lo que se puede».

 

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